Justicia sin espectáculo
Transparencia y rigor procesal como pilares de la lucha contra la impunidad
Nadie puede reprochar al Ministerio Público que actúe contra la corrupción. Lo ha hecho con denuedo, superando trabas sociales y políticas, con recursos escasos y con una convicción digna de reconocimiento.
Ello no vuelve intocable su protocolo, que resulta innecesariamente aparatoso y pone en entredicho las credenciales de la justicia en materia de derechos humanos. No se justifica allanar residencias de madrugada, sobre todo cuando la persecución había sido anunciada y los investigados son profesionales que optaron por permanecer en el país. El caso Senasa 2.0 llevaba mucho tiempo gestándose.
El despliegue espectacular aporta poco a lo fundamental: preservar las pruebas, impedir que el daño continúe y evitar la fuga de los imputados.
El guion tiene otra parte conocida. Las operaciones se ejecutan poco antes del fin de semana, lo que asegura que los detenidos permanezcan en la cárcel del Palacio de Justicia de Ciudad Nueva. Empieza así un castigo anticipado que choca con la presunción de inocencia.
Se dirá que son detalles menores frente a la necesidad de resarcir a la sociedad y enviar un mensaje disuasorio. No lo son. Una justicia separada de sus cimientos se convierte en farsa, incompatible con el Estado de derecho. Cuanto más se aleje del autoritarismo, más autoridad tendrán sus condenas, si llega hasta el fondo.