El dinero habló
La indemnización no borra los agravios
La Suprema Corte de Justicia le propinó un batacazo a Jean Alain Rodríguez. La factura: 2.48 millones de pesos, intereses incluidos. A veces el poder pierde incluso después de haber dejado el escritorio.
Marino Zapete pudo embolsarse el dinero. Prefirió donarlo al Instituto para Sordos Santa Rosa, y el gesto trae una ironía que se saborea sola: los recursos que salieron del bolsillo de quien, según la sentencia, ayudó a silenciar un programa periodístico, servirán ahora a personas para quienes escuchar ya es, de por sí, un desafío.
La indemnización no borra los agravios ni resucita las emisiones perdidas, y mucho menos convierte un fallo judicial en absolución de los excesos del debate público. Pero deja algo claro: ningún funcionario es dueño de la palabra ajena como si fuera un expediente con su firma. La crítica incomoda, y le pese a quien le pese, usar el peso del cargo para acallarla tiene precio.
Zapete cerró el pleito con una respuesta que vale más que cualquier proclama. Entregó el dinero y dejó que su destino hablara por él. A la razón conviene escucharla con los oídos bien abiertos. Un buen periodista los mantiene alerta; a un servidor público no le vendría mal aprender lo mismo, sobre todo cuando lo que oye no le gusta.