25 años en cenizas
Un fuego fuera de control destruye veinticinco años de esfuerzo familiar en Bahoruco
Genaro Díaz Rivas sembró pinos en las montañas de Los Ríos cuando otros le aconsejaban cultivar habichuelas. Era 2001. Los cuidó durante un cuarto de siglo y terminó por imaginar allí un patrimonio vivo para sus hijos. El 11 de septiembre, un incendio alcanzó la plantación y afectó unas cien tareas. La naturaleza y el trabajo de una familia pagaron, una vez más, el precio de una quema que se salió de control.
El fuego tarda horas en hacer lo que a un árbol le toma décadas. Consume troncos, pero también la sombra futura, los animales que encontraron refugio y los proyectos que crecían entre las ramas. Ninguna indemnización puede devolver de inmediato un bosque de veinticinco años.
Corresponde a la justicia establecer quién causó el incendio y qué responsabilidad le cabe. Medio Ambiente ha documentado el daño y solicitado un sometimiento; la culpabilidad aún debe probarse.
La lección alcanza más allá de Bahoruco. Prender fuego para despejar un terreno exige responder por el riesgo que corre el vecino y por la vida que sostiene el monte. La prevención necesita vigilancia, educación y consecuencias cuando se infringen las reglas. Genaro tuvo paciencia para sembrar pensando en sus hijos. Al país le toca demostrar que sabe proteger esa paciencia y aprender de las cenizas.