Orgullo y sensibilidad dominicanos en la FAO
La música dominicana convierte en orgullo universal el anhelo de una tierra generosa
En Roma sonó el campo dominicano. Maridalia Hernández, los músicos y los niños llevaron hasta la FAO esa lluvia de café que Juan Luis Guerra imaginó para aliviar tantas penurias de nuestra tierra.
Qué orgullo ver a los nuestros en ese escenario, cantando una canción que conocemos de memoria y que todavía nos conmueve. Con el presidente Abinader y su esposa entre los espectadores. En sus frutos, en sus caminos y en sus deseos reconocemos un país al que seguimos debiendo mejores días.
Juan Luis encontró la manera de contar sus carencias sin quitarle la alegría. Le puso música al anhelo campesino de una cosecha generosa, de una mesa servida, de una vida menos dura. Y aquella esperanza, nacida entre nosotros, terminó cantándose en tantos lugares donde también se espera que la tierra dé lo suficiente.
El reconocimiento de la FAO honra esa sensibilidad y el talento de un dominicano que ha llevado consigo su origen por los escenarios del mundo. Honra, además, una obra que conserva intacta su ternura después de tantos años.
Maridalia y quienes la acompañaron nos regalaron otra razón para sentirnos orgullosos. Sus voces dieron vida a ese paisaje nuestro ante quienes tienen la responsabilidad de combatir el hambre. El eco dominicano se hizo universal.