Informes que se ignora quién paga...

Aquí los aceptamos como palabra de Dios

Los norteamericanos que ocupan posiciones de gobierno, cuando termina el ejercicio o los cancelan, no vuelven a sus actividades anteriores.

Buscan una más lucrativa en que venden contactos, relaciones e influencias y actúan por medios propios.

El lobista es toda una institución en EE.UU. y cuando la experiencia es del Departamento de Estado, los servicios se ofrecen en el exterior.

El trabajo es por contrato, en especial a gobiernos, pero también a futuro, cuando el cliente es de oposición y todavía no llega al poder.

Los dominicanos son muy sensibles a los informes, reportes y señalamientos de organismos internacionales, y cada vez que se produce uno, aquí se discute a morir.

De ahí su éxito particular. No corrige nada, pero se acredita, como American Watch o Amnistía Internacional o Transparencia.

Con los lobistas no sucede lo mismo. Tienen cancha abierta y encestan a su manera y sin respetar regla ni árbitro que les llame al orden.

¿Cómo explicar, porque justificar nunca, que personajes que no viven aquí, desde fuera, tracen rutas o marquen pautas?

La virtud doméstica falla en estos casos y los desaprensivos hacen de su cuenta.

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