Un hecho estremecedor

La cultura del castigo y la impunidad doméstica, cómplices del horror en Los Alcarrizos

La noticia estremece tanto por el horror del hecho como por lo que revela de nosotros. En Villa Linda, en el municipio Los Alcarrizos, una niña de diez años fue castigada con una mano sobre una hornilla encendida, golpeada para que no llorara y encerrada para que sus gritos no despertaran sospechas. 

Más que un exceso aislado, es un síntoma. Un recordatorio brutal de que la violencia contra la niñez sigue encontrando refugio en la impunidad doméstica, en la cultura del castigo y en la idea arcaica de que los niños pertenecen a los adultos.

La justicia ha actuado con la prisión preventiva, y eso es un paso necesario. Pero no basta con sancionar después. El verdadero desafío es prevenir antes. Y ahí aparece una palabra que suele repetirse como consigna, pero que pocas veces se asume como urgencia nacional: educación.

Educar no es solo enseñar matemáticas o lectoescritura. Educar es formar conciencia sobre la dignidad humana, sobre los límites del poder, sobre la responsabilidad que implica criar. Educar es comprender la vulnerabilidad de la niñez y librarnos de ese autoritarismo que no repara en extremos.

La violencia infantil nace en la incapacidad de reconocer al otro como sujeto de derechos, pero sobre todo en la pobreza moral.

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