Hambre cero, compromiso total

Por qué el éxito agrícola dominicano no admite triunfalismos prematuros

La visita del exdirector general de la FAO, José Graziano da Silva, sirve para recordar una meta que, por ambiciosa, merece ser tomada con seriedad: sacar a la República Dominicana del mapa del hambre antes del 2028.

El experto reconoce avances y, ciertamente, los indicadores recientes sugieren que vamos por buen camino. Pero la lucha contra el hambre no admite triunfalismos prematuros, porque es un problema que se esconde en los bolsillos vacíos, en los niños que aprenden con el estómago a medias y en los campos donde la pobreza se hereda como un apellido.

Erradicar la subalimentación exige políticas públicas sostenidas, no solo programas asistenciales. Requiere inversión rural, apoyo real al productor pequeño, acceso al agua, crédito oportuno y un sistema de compras públicas que conecte la agricultura familiar con la alimentación escolar y comunitaria. Requiere también fortalecer los comedores, sí, pero sin olvidar que el objetivo final es que cada hogar pueda comer sin depender del Estado.

Graziano valida los logros, pero su presencia también debe interpretarse como un recordatorio: los avances pueden revertirse si la economía se desacelera o si el campo vuelve a ser relegado.

La meta Hambre Cero es posible, pero no será obra de un gobierno solamente. En esa mesa, debemos sentarnos todos.

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