Ya es una epidemia

El fracaso de las leyes ante la violencia de género

Es la epidemia que no termina. Cada año las cifras regresan como una noticia repetida y amarga, recordándonos que la violencia contra la mujer sigue siendo una de las heridas más abiertas de la sociedad dominicana. Las autoridades anuncian planes, se crean protocolos, se endurecen discursos, pero el problema persiste con una obstinación que debería alarmarnos mucho más de lo que parece hacerlo. En los dos primeros meses de este año, los feminicidios se han triplicado.

La respuesta institucional ha descansado en gran medida en la disuasión, pero leyes más severas, advertencias judiciales y órdenes de protección poco han logrado. La experiencia demuestra que la Justicia, por sí sola, ha alcanzado muy poco para frenar la tragedia. Cuando la violencia nace de una cultura profundamente arraigada, las sentencias llegan demasiado tarde.

El desafío verdadero está en otro terreno, menos visible pero mucho más decisivo: la educación. Combatir el patriarcado no consiste únicamente en condenar el crimen cuando ocurre, sino en desmontar las ideas que lo alimentan desde la infancia. Significa revisar cómo se educa, qué modelos se transmiten y qué tolerancias silenciosas se mantienen en la vida cotidiana.

La sociedad dominicana no puede resignarse a convivir con esta violencia como si fuera inevitable. La única vacuna posible sigue siendo cultural.

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