Diálogo productivo

Que el poder se acerque a los jóvenes siempre es una señal saludable para la vida democrática

Que el poder se acerque a los jóvenes siempre es una señal saludable para la vida democrática. El reciente encuentro del presidente con estudiantes en Santo Domingo Este confirma algo que a menudo se olvida en la práctica política. Las nuevas generaciones son espectadores del presente y protagonistas del país que se está construyendo.

Estos espacios de conversación tienen un valor que va más allá del gesto simbólico. Permiten que los jóvenes se expresen, planteen inquietudes y compartan visiones sobre temas que incidirán directamente en su futuro. Cuando la política se abre a escuchar, también aprende.

En ese diálogo sobresale el tema de la educación. No podría ser de otra manera. La calidad del sistema educativo sigue siendo el factor decisivo para ampliar oportunidades, reducir desigualdades y preparar al país para los desafíos de una economía cada vez más exigente y tecnológica.

Escuchar a los jóvenes hablar de educación es, en realidad, escuchar hablar del futuro. Ellos conocen las carencias de las aulas, las limitaciones tecnológicas y las brechas que aún persisten. Sus experiencias son un diagnóstico vivo del sistema.

El verdadero desafío consiste en que esas conversaciones se traduzcan en decisiones y políticas públicas sostenidas. Escuchar es el primer paso. Actuar es el que realmente transforma y el presidente quedó comprometido.

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