Más allá del arte
Cuando la prosperidad material se une a la belleza y el conocimiento
El discurso de Héctor José Rizek durante la apertura de la exposición El mar como territorio deja una reflexión que trasciende el arte y alcanza una dimensión cívica. Reivindicar una colección artística como un ejercicio de memoria, sensibilidad y permanencia resulta especialmente relevante en una sociedad acostumbrada a valorar las cosas por su utilidad inmediata.
Rizek recordó una verdad: las sociedades necesitan espacios para pensar, contemplar y dialogar con aquello que les da sentido. La cultura es uno de los cimientos sobre los que descansa la identidad colectiva.
La metáfora del mar resulta particularmente afortunada para una nación insular como la República Dominicana. El mar nos conecta con el mundo, pero también explica quiénes somos. Por sus aguas llegaron migraciones, ideas, conflictos y oportunidades. Nuestra historia, nuestra música, nuestra gastronomía y hasta nuestra manera de entender la vida tienen una profunda raíz marítima y caribeña.
Hay además otro aspecto valioso en las palabras del coleccionista. Una colección privada cumple plenamente su propósito cuando abandona la intimidad de las paredes domésticas y se convierte en patrimonio compartido. El arte adquiere entonces una función pública que va más allá del gusto individual o del valor económico de las obras.
La prosperidad material alcanza su plenitud cuando se acompaña de una inversión sostenida en conocimiento, belleza y memoria.