La potabilidad del agua

Cuando comprar agua pura se convierte en un riesgo para la salud

La irregularidad del servicio público de agua ha impuesto a los dominicanos una costumbre que ya parece normal: almacenar agua en cisternas y tinacos para las necesidades domésticas y comprar botellones para beber. Como el agua que llega por las tuberías no ofrece garantías de potabilidad, millones de familias dependen de las envasadoras.

Precisamente por eso, lo revelado por Diario Libre resulta preocupante. Un análisis de laboratorio encontró coliformes y niveles elevados de aerobios mesófilos en muestras adquiridas en cuatro pequeñas plantas purificadoras del Gran Santo Domingo. Las marcas de mayor presencia en el mercado, en cambio, superaron satisfactoriamente las pruebas.

El problema no admite indiferencia. El agua es un alimento esencial y quien la compra embotellada supone, con toda razón, que ha sido sometida a controles capaces de garantizar su inocuidad. No puede corresponder al consumidor averiguar si una planta cambia sus filtros, desinfecta sus tuberías o cumple las normas sanitarias.

Esa responsabilidad pertenece a Salud Pública y a las demás autoridades competentes. Deben inspeccionar sistemáticamente las envasadoras, publicar los resultados, exigir correcciones inmediatas y clausurar aquellas que representen un riesgo.

Ya resulta bastante grave tener que comprar el agua porque el sistema público no garantiza que podamos beberla. Sería el colmo que, buscando agua segura, terminemos comprando enfermedad.

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