El miedo y las cifras
El reto de combatir la delincuencia sin vulnerar el marco constitucional
Los crímenes recientes estremecen con razón. El asesinato de Zeneida Socorro Castillo, esposa del merenguero Julián Oro Duro, y la agresión que sufrió el artista han dejado una herida en la sensibilidad pública. También conmueve el atraco a un joven dentro de un edificio residencial. La difusión de estos hechos multiplica su impacto y alimenta la impresión de que la delincuencia gana terreno.
La atrocidad de un crimen no lo convierte, por sí sola, en una tendencia. Tampoco una tasa favorable consuela a las víctimas. Conviene mirar ambas cosas de frente: cada vida perdida exige justicia, mientras que el juicio sobre la seguridad del país requiere datos, períodos comparables y atención a los delitos que no siempre llegan a las estadísticas.
Santo Domingo registra menos homicidios por habitante que ciudades como Chicago, Baltimore y San Luis. Esa comparación desmiente la idea de que emigrar a Estados Unidos equivalga siempre a vivir lejos de la violencia.
La respuesta al miedo debe ser institucional. Sin bajar la guardia. El Congreso tiene que sacar adelante una reforma policial que mejore la prevención, la investigación y la capacidad de respuesta. La autoridad debe recordar, incluso bajo la presión de los crímenes más horrendos, que la seguridad ciudadana se defiende dentro de la Constitución. Solo así merecerá la confianza pública.