Soldados de fortuna
El dilema de los dominicanos en la guerra entre Rusia y Ucrania
Cuesta creer que los dominicanos que han viajado a Rusia para incorporarse a sus fuerzas armadas ignorasen el destino que les esperaba. La contienda ruso-ucrania lleva años en portadas y pantallas. Vivimos rodeados de información sobre esa guerra, sus muertos y el reclutamiento de extranjeros. Quien firma un contrato para ir allí tiene la obligación de averiguar qué está firmando.
Eso no excluye engaños ocasionales. Si existen denuncias de fraude, coacción o trata, deben investigarse y recibir asistencia consular. Pero convertir toda decisión imprudente en una historia de inocencia traicionada despoja a los adultos de responsabilidad por sus actos.
Ser soldado de fortuna es una ocupación innoble. Supone poner las armas al servicio de una guerra ajena a cambio de dinero, con el riesgo previsible de morir, quedar herido o terminar prisionero. El Estado dominicano debe velar por los derechos de sus ciudadanos, incluso cuando hayan tomado malas decisiones. Esa obligación, sin embargo, no equivale a prometerles rescates ni a cargar automáticamente al contribuyente con costosas repatriaciones y gestiones diplomáticas extraordinarias.
La compasión hacia las familias es necesaria. También lo es decirles la verdad a quienes contemplan esa ruta: una guerra no es una oferta de empleo cualquiera. La necesidad económica no borra el juicio propio ni convierte las consecuencias previsibles en una deuda de todos.