La AMET en su laberinto
Cuando nació la Autoridad Metropolitana de Transporte, bajo un jefe civil y agentes escogidos sin los vicios de otras instituciones, el cambio en el ordenamiento del tránsito capitaleño se hizo notorio.
Aquella era una AMET que imponía respeto, que acabó con el macuteo, y que organizaba el tránsito “con el fin de regular todo lo relativo a la demanda y oferta del transporte público de pasajeros en todo el territorio nacional, con el fin de reducir su costo social, económico y ecológico”.
Unos años más tarde, la AMET fue traspasada a la Policía Nacional y ahí comenzó a forjarse la AMET que tenemos hoy, a la que se le falta el respeto, con mala imagen, con agentes desmotivados, y que no cumple con las funciones básicas que le fueron encomendadas.
La solución del problema del tránsito tiene que comenzar con sacar a la AMET de la Policía Nacional, para reinventarla como autoridad técnica y legal para ordenar el tránsito “a fin de reducir su costo social, económico y ecológico”. El daño que se ha hecho a la institución y al tránsito justifica el cambio.
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