Trabajo, no trabajo
Clientelismo y burocracia en las instituciones públicas
Imagínese cobrar un salario sin trabajar. ¿Un sueño, verdad? O algo menos utópico: ir a la oficina dos veces a la semana y los demás días tenerlos libres para lo que quiera. ¿Le parece más colaborativo y equilibrado? ¿Cómo le cae si le digo que esos empleos los puede encontrar en el Estado dominicano?
Lamento decirle que no se hacen ferias de empleo para conseguir uno. No. Esos puestos caen por obra y gracia del populismo y el nepotismo.
Las tareas que puede sacar adelante un equipo de cuatro personas están repartidas entre 13 individuos en una institución pública. Así se estiran los recursos y nueve más pueden llevarse su tajadita. Llamaremos a esto distribución del peso laboral. ¡Que a nadie le dé burnout! ¡No, señor! Aquí se vale ayudarse y distribuir la carga laboral de a poquito. Hay gente para eso.
Pero para que no generalicemos, es bien sabido que en el Estado tenemos profesionales de alto calibre que merecen su posición —si no, este país estuviera patas arriba—. Sin embargo, no podemos ocultar que, sin importar las siglas del partido que gobierne, el Estado da “para todos”.
Durante un gobierno de otro partido, un visitante se maravilló porque tres secretarias se encargaban de la recepción de un solo departamento de un ministerio: dos en la mañana y una en la tarde, durante una jornada de ocho horas.
—Algo no cuadra aquí—, pensó el visitante, sorprendido por tanto trabajo en equipo.
Hay sociedades donde trabajar en el Estado es un orgullo y un reconocimiento a la capacidad y el currículum del empleado. Se toman exámenes complejos para alcanzar un puesto público. Y eso es una gran cosa para él, su familia y quienes lo rodean. Pero en esta RD, colocada en el mismo trayecto del sol, vemos de todo.
Si continuamos así, seguiremos en desarrollo.