El Matum y el archipiélago de Solzhenitsyn

Lecciones históricas para proteger la llama de la libertad

Civiles durante al ataque al Hotel Matum el 19 de diciembre de 1965 en Santiago. (Creative Commons)

El país todavía recuerda lo ocurrido en el banquete celebrado el 6 de agosto de 1955 en el hotel Matum de Santiago, en honor del prestigioso abogado Federico Carlos Álvarez Perelló. Aquel homenaje devino en purgas por el simple hecho de que en el acto no se mencionó a Trujillo

Un episodio parecido al del Matum lo documenta Alexandr Solzhenitsyn en su obra titulada Archipiélago Gulag. 

En efecto, narra que en la Conferencia distrital del partido comunista en Moscú se adoptó una resolución de fidelidad al camarada Stalin y, entonces, “la pequeña sala prorrumpió en tumultuosos aplausos... Tres minutos, cuatro minutos, cinco minutos… Las palmas de la mano dolían ya… sin embargo, ¿quién sería el primero que se atrevería a parar? … El director de la fábrica de papel del lugar, un hombre fuerte e independiente, de pie en la presidencia, era consciente de la falsedad de aquella situación sin salida… ¡Ya van nueve minutos! ¡Diez!... Y en el minuto once… adoptó una actitud diligente y se dejó caer en su asiento de la presidencia. ¡Y se produjo el milagro! Todos dejaron de aplaudir de una sola palmada. Aquella misma noche el director fue arrestado”. 

Así actúan los tiranos, tanto aquí como allá, sean de derecha o de izquierda. Estimulan el culto a la personalidad al extremo de lo risible. E imponen la represión y el miedo. 

Las salas de la muerte de La 40 y del 9 fueron testigos de las torturas a que eran sometidos los presos políticos en los años de la tiranía trujillista. La silla eléctrica se convirtió en la prueba de máximo rigor, acompañada de tormentos lacerantes, verbigracia los bastonazos eléctricos aplicados en los testículos, las hormigas caribes desparramadas sobre los cuerpos desnudos… 

Allá, en la Unión Soviética igualitaria, clama Solzhenitsyn con ironía: “Si a los intelectuales de Chéjov… les hubieran dicho que al cabo de 40 años iba a haber en Rusia interrogatorios con tortura, que se oprimiría el cráneo con un aro de hierro, que se sumergiría a un hombre en un baño de ácidos, que se le martirizaría, desnudo y atado, con hormigas y chinches, que se le metería por el conducto anal una baqueta de fusil recalentada con un infiernillo, que se le aplastarían lentamente con las botas los genitales, que se le atormentaría con una semana de insomnio y sed y se le apalizaría hasta dejarlo en carne viva…”.

El afamado autor encuentra la explicación de esas aberraciones en la ideología. Exclama: “He aquí lo que proporciona al malvado la justificación anhelada y la firmeza prolongada que necesita”. 

Y explica: “La ideología es una teoría social que le permite blanquear sus actos ante sí mismo y ante los demás y oír, en lugar de reproches y maldiciones, loas y honores. Así, los inquisidores se apoyaron en el cristianismo; los conquistadores, en la mayor gloria de la patria; los colonizadores, en la civilización; los nazis, en la raza; los jacobinos y los bolcheviques, en la igualdad, la fraternidad y la felicidad de las generaciones futuras”. 

Y cita una misiva del camarada Lenin: “La justicia no debe abolir el terror… Hay que fundamentarlo y legitimarlo, de manera clara, sin falacias ni adornos…”.

Por eso, en la llamada Era de Trujillo, los fiscales acudían a las salas de tortura con una traílla de toro en una mano y una metralleta en la otra. Así funcionaba la represión, legitimada por la justicia. 

La tiranía trujillista fue atroz. Aun así, lo acontecido en la Unión Soviética de Stalin supera cualquier intento de comparación por la descomunal diferencia de escala de la población involucrada. 

Aquí, en la época del terror impuesta por el cavernario Trujillo, podría hablarse de miles de dominicanos torturados, sometidos, asesinados, y de una población de varios millones de habitantes condenada a sufrir el miedo, terror y amenazas. 

En cambio, allá, dice Solzhenitsyn: “… iban barboteando impetuosas las riadas (humanas) hasta que se vieron desbordadas en los años 1929 y 1930 por el caudaloso torrente -se contó por millones- de los kulaks expropiados… Era una transmigración de pueblos, una catástrofe étnica…”. 

Este comienzo de año de 2026 es propicio para rendir culto a quienes por medio de su arrojo y patriotismo han hecho posible mantener viva la llama de la libertad

Proyectar su ejemplo es la mejor manera de prevenir que lleguemos a convertirnos en esclavos de autócratas que invocando ser portadores de soluciones mesiánicas, satisfacen su afán de poder doblegando a los más débiles y condenando a sus pueblos al terror.

Este comienzo de año de 2026 es propicio para rendir culto a quienes por medio de su arrojo y patriotismo han hecho posible mantener viva la llama de la libertad. Proyectar su ejemplo es la mejor manera de prevenir que lleguemos a convertirnos en esclavos de autócratas que... satisfacen su afán de poder doblegando a los más débiles y condenando a sus pueblos al terror.

Eduardo García Michel, mocano. Economista. Laboró en el BNV, Banco Central, Relaciones Exteriores. Fue miembro titular de la Junta Monetaria y profesor de la UASD. Socio fundador de Ecocaribe y Fundación Siglo 21. Autor de varios libros. Articulista.