Incertidumbre y derecho de las gentes (1 de 2)
La humanidad como peón en el juego de los líderes mundiales
El mundo ha entrado en una etapa de incertidumbre. Asoman nuevas reglas, impulsadas por situaciones de hecho.
El orden prevaleciente desde la segunda guerra mundial se encamina hacia su extinción. Se asiste a la deriva de reforzar zonas de influencia que menoscaban los conceptos de soberanía, no intervención y no uso de la fuerza en la solución de conflictos.
De esa manera, se reduce el margen para la solución de desacuerdos en favor de la imposición de lo que decida la potencia dominante en cada área (Estados Unidos, Rusia y China).
La guerra de Rusia (super potencia nuclear, pero no económica) contra Ucrania, por un lado, y el conflicto EE. UU. y Venezuela, por otro, son claros exponentes de la distribución de responsabilidades en favor de superpotencias dominantes.
América es para los americanos (del norte), de acuerdo con lo establecido por la recién bautizada doctrina Donroe. De la misma manera, Ucrania o una parte de ella, la más rica en recursos naturales, es para los rusos.
China no ha permanecido pasiva. Ha actuado en modo silencioso y atado compromisos económicos, financieros y políticos que no se detienen en su cercanía geográfica: se esparcen por todo el globo.
El mensaje implícito es que el mundo es para China, en consonancia con la espesa cadena de comercio, financiamiento, inversiones y compromisos que ha ido atando, de modo parecido a lo que llevó al Reino Unido a convertirse, antes de la Primera Guerra Mundial, en el árbitro y regulador del universo.
Quizás esa sea la principal razón por la que los Estados Unidos procuran la cercanía con Rusia, una vez desaparecida la amenaza comunista, para contrarrestar el avance de la superpotencia asiática, gigante nuclear, poblacional, económico y militar.
Aunque pocos lo mencionan, en el horizonte es posible avizorar una alianza inimaginable hasta hace poco tiempo entre los Estados Unidos y Rusia, con objeto de poner freno a la expansión del gigante asiático.
Rusia lo necesita pues su potencial nuclear no se asienta sobre bases económicas firmes y su población es relativamente pequeña. Y pesa como una losa compartir frontera con un país tan denso como China, siendo además Rusia la nación de más vastos territorios en el planeta.
Los Estados Unidos también lo anhelan para neutralizar el bastión que desafía su preponderancia en todos los planos.
Existen otras naciones con aspiraciones de convertirse en super potencias, siendo el caso más destacado el de la India, por su peso demográfico y económico. Es una evolución que requiere de más tiempo. Aun así, no es descartable que sirva de contrapeso en el proceso de disputa de la hegemonía entre los Estados Unidos y China en un futuro no muy lejano.
Existen zonas de gran importancia estratégica donde las superpotencias se distribuyen responsabilidades y áreas parciales de influencia. Es el caso del medio oriente.
En este momento el golfo pérsico se constituye en un área espinosa de conflictos, exacerbados por la inestabilidad del régimen iraní y el intento de derrocamiento del gobierno de los ayatolas. Cualquier alteración del equilibrio de poder lo decantaría en favor de una de las superpotencias, dejando a las otras sin apoyos en una zona de relevancia estratégica y económica.
El universo asiste expectante al desarrollo de los acontecimientos, en medio de temores cada vez más intensos.
Europa se resiste a dejar de jugar un papel de primer orden, pero al haber priorizado la inversión en desarrollo humano que la convirtió en sociedad del bienestar, perdió la ocasión de autogestionar su propia defensa, con lo cual ahora descubre, ¿por sorpresa?, que está subordinada a los Estados Unidos y obligada a asumir las consecuencias de no haber completado su integración política y militar.
Los Estados Unidos no parecen darse cuenta de que desequilibrar a Europa en el intento por anexarse a Groenlandia podría resultar fatal para sus pretensiones hegemónicas, pues el daño mutuo que pudieren causarse en los planos militar, c0mercial y financiero-monetario los debilitaría en profundidad.
Todo esto parece un simple juego de ajedrez, como si el componente humano no estuviera involucrado. Pero lo está. Peor aún, es utilizado como piezas colocadas en el tablero para satisfacer apetencias de poder de dirigentes que dicen orientar y liderar la humanidad.
El camino de la convivencia mundial se muestra lleno de espinas. Sin embargo, siempre existirá la esperanza de que el orden creado para la sobrevivencia de la humanidad favorezca a la gente y no a sus líderes. Eso sí, no basta con soñarlo: hay que construirlo.