La economía en la Era de Trujillo (1 de 2)

Luces y sombras del crecimiento económico durante la dictadura dominicana

El economista Eduardo Tejera presenta su obra La política económica en la Era de Trujillo, un análisis exhaustivo que desmitifica la figura del dictador como creador del Estado moderno dominicano. (Fuente externa)

El economista e historiador Eduardo Tejera acaba de publicar el libro La política económica en la Era de Trujillo. Culmina así una serie de interesantes publicaciones sobre nuestra economía.

Lo hace con un lenguaje entretenido, asequible al gran público: mezcla conceptos y tablas estadísticas de su disciplina profesional con reflexiones que trascienden el ámbito económico.

Contiene, por tanto, las estadísticas básicas de los 31 años de gobierno del tirano, los ejes de su política económica (fiscal, monetaria, sectorial), las principales reformas acometidas, documentación sobre el uso del Estado para enriquecerse abusivamente. Y reflexiones sobre la naturaleza despótica de aquel poder omnímodo que convirtió a los dominicanos en siervos sumisos de su soberbia y afán de lucro desprovisto de cortapisas morales.

El autor afirma que “Trujillo, desde el principio del gobierno, tuvo el olfato y la destreza de buscarse los mejores hombres, con más talento y experiencia, para designarlos miembros de su gabinete y ofrecerles cargos destacados”.

Esa es una creencia muy generalizada que amerita ser revisada. Muchos de aquellos hombres, si bien fueron intelectuales acreditados, carecieron de agallas y fortaleza ética. Fueron protagonistas del derrumbe moral de la sociedad dominicana. Hubo otros dominicanos de igual prestancia intelectual que nunca hicieron del servilismo palanca de cambio para el ascenso social y económico. Y por eso, se mantuvieron al margen de la esfera pública o emigraron al exilio.

Dice el autor que “Concomitante con la represión como medio de terror y control político, Trujillo también tenía una fijación con la acumulación de riqueza y fortuna monetaria”.

Agrega que “Trujillo compraba compañías privadas a la fuerza o por intimidación. Las convertía en monopolios que ajustaban sus precios de venta a su favor para obtener mayores beneficios. Las empresas obtenían préstamos privilegiados del banco estatal, avales y en diferentes ocasiones emitían bonos que el banco compraba”.

El caso dominicano es único _afirma Tejera_, coexistía una economía entrelazada entre el interés público y el personal de Trujillo. Ningún otro gobernante acumuló un patrimonio empresarial que consistió en el 45 % del PIB y cuyos doce ingenios azucareros, de los 16 que funcionaban en el país, exportaban el 60 % del total.

El autor rebate el mito de que Trujillo creó el Estado dominicano moderno. Aduce que el Estado moderno no nació con Trujillo, sino que continuó creciendo a través de sus 31 años de gobierno: el Estado moderno, centralizado, comenzó con el gobierno de Mon Cáceres Vásquez (1905-1911). Siguió con el gobierno de ocupación norteamericano (1916-24). Y continuó con el gobierno de Horacio Vásquez.

No hay que olvidar que la organización de las finanzas públicas y el establecimiento de un sistema de controles financieros se reforzó en el gobierno de Horacio Vásquez, acogiendo las recomendaciones de la Misión Dawes, que señaló debilidades administrativas y carencia de controles que facilitaban la corrupción.

En efecto, en 1929, acogiendo esas recomendaciones, fueron puestas en vigencia las siguientes leyes: de Mejoras Públicas, de Hacienda, de Contabilidad, de Servicio Civil, y se crearon las oficinas del Contralor y Auditor General, de Presupuesto y la Oficina de la Dirección de Estadística, entre otras.

Tejera reconoce que, con la estabilidad política creada por la dictadura totalitaria de 31 años la economía creció, se diversificó la producción, se creó un moderno sector industrial, se impulsó la urbanización y amplió la infraestructura. En sus largos 31 años el país cambió mucho, pero fue a expensas de las libertades públicas, la institucionalidad y la democracia. Y apunta que de 1930 a1961 casi todas las naciones del continente crecieron y se transformaron.

El autor hace mención del mantenimiento de una presión tributaria alta durante la Era de Trujillo: 22 % del PIB en 1950, 24 % en 1956. En 1960 disminuyó a 19 %. Y montos presupuestarios elevados (entre el 20 y 25 % del total), destinados a inversión en obras públicas, con partidas aún mayores reservadas a las fuerzas armadas.

En contraste, en nuestros días la presión tributaria es baja, ronda alrededor de un 15 % del PIB y la inversión pública se hace de rogar por su escasez. Son debilidades que ameritan ser corregidas. La primera causada, sobre todo, por la existencia de un sistema de incentivos fiscales muy generalizado. La segunda propia de una democracia montada en el carro del gasto corriente superfluo, carente de sentido desarrollista.

El libro contiene detalles de la renegociación de la deuda externa y de su pago final en 1947, así como documentación amplia sobre el proceso que dio lugar al establecimiento del Banco de Reservas en 1941 y a la creación del sistema monetario en 1947, como subproducto del acuerdo de Bretton Woods de postguerra.    

Eduardo García Michel, mocano. Economista. Laboró en el BNV, Banco Central, Relaciones Exteriores. Fue miembro titular de la Junta Monetaria y profesor de la UASD. Socio fundador de Ecocaribe y Fundación Siglo 21. Autor de varios libros. Articulista.