La ONU en una encrucijada

Un debate inaugural dominado por el enfrentamiento entre Estados Unidos e Irán

Las lecciones de las intervenciones militares y los límites de la primacía del poder (EFE/EPA/SARAH YENESEL)

Esta semana se celebra en el marco del 81.º período de sesiones de la Asamblea General de las Naciones Unidas (ONU) el denominado Debate General de Alto Nivel, el cual comienza con la intervención del secretario general de esta organización y continúa con los discursos de los jefes de Estado y de Gobierno de los países miembros. Se trata de un ritual institucional que ocurre cada año la tercera semana de septiembre.

Como es costumbre, el presidente de Estados Unidos habla el primer día de ese debate que este año abarca desde el 22 al 28 de septiembre. Esta vez, lo más notable de la intervención del presidente Donald Trump fue su advertencia o amenaza de que aniquilaría a Irán si su gobierno no llega a un acuerdo para poner fin a la guerra. Se recuerda que, en junio de 2025, Estados Unidos e Israel atacaron militarmente a Irán para destruir sus instalaciones dedicadas al enriquecimiento de uranio con el propósito de desarrollar la capacidad de construir la bomba atómica. En esa ocasión el presidente Trump anunció que dichas instalaciones habían sido arrasadas.

No obstante, en febrero de este año Estados Unidos e Israel volvieron a atacar militarmente a Irán, esta vez con mayor fuerza, para, de nuevo, destruir sus instalaciones de enriquecimiento de uranio y su capacidad de producir y lanzar misiles de corto alcance, con la expectativa, además, de que el pueblo iraní se rebelaría y se produciría el colapso del régimen teocrático iraní. A pesar de las declaraciones triunfalistas en Washington y Tel Aviv, parecería que el objetivo no se ha logrado todavía en una guerra que le ha costado a Estados Unidos, hasta ahora, cuarenta y tres mil millones de dólares.

El segundo día del debate general en la ONU habló el presidente de Irán Masud Pezeshhkian, un hecho realmente notable pues esta es la primera vez que el mandatario de un país en guerra con Estados Unidos habla en la Asamblea General. En un discurso desafiante declaró: “Sí, nos golpearon, pero no nos arrodillamos”. Como se sabe, una de las respuestas de Irán a los ataques militares fue controlar el estrecho de Ormuz, algo que no había hecho en todas estas décadas de conflicto con Estados Unidos e Israel. Esto ha causado un dislocamiento del mercado global de gas y petróleo, lo que, a su vez, ha producido un impacto en el costo de la vida alrededor del mundo.

De este modo, el debate general de alto nivel de la Asamblea General de la ONU ha comenzado con un enfrentamiento entre mandatarios de dos países en guerra. El otro tema que ha dominado las intervenciones de los jefes de Estado y de Gobierno, desde la del rey de Jordania Abdalá II bin Al Hussein hasta la de la primera ministra italiana Giorgia Meloni, ha sido el de la ocupación israelí en Gaza, con fuertes críticas al gobierno de Israel.

Este es el ambiente en las Naciones Unidas en un momento en que se discute la elección de un nuevo secretario general que deberá comenzar su labor el 1 de enero de 2027. Corresponde al Consejo de Seguridad hacer una propuesta a la Asamblea General para que esta formalice la elección. En las votaciones anónimas que se han llevado a cabo entre los quince miembros del Consejo de Seguridad para explorar quiénes cuentan con más apoyo han emergido dos mujeres: Rebeca Grynspan de Costa Rica y Carolyn Rodríguez-Birkett de Guyana. Desde luego, esto no indica nada definitivo pues no se sabe todavía cómo votarán los cinco miembros permanentes del Consejo, los cuales tienen derecho a veto. Está por verse si estos países cooperarán entre ellos para elegir un secretario o secretaria general que, con su respaldo, pueda ejercer un liderazgo efectivo en estos tiempos de disrupción y cambio del orden internacional.

Sin duda, la ONU está en una encrucijada. El ambiente político internacional no favorece el multilateralismo. La lógica del poder ha tomado preeminencia sobre la lógica del derecho y las instituciones internacionales. A la vez, sin embargo, la realidad demostrará que la complejidad de los problemas y desafíos mundiales requiere de espacios de cooperación y acción colectiva. Debilitar la ONU hasta hacerla irrelevante no es una opción real. El discurso de la primacía del poder como lógica de la relación entre Estados tampoco podrá prevalecer, como acaba de demostrar el caso de Groenlandia, en el que, al final, predominó el diálogo y la cooperación como planteó desde un principio Dinamarca.

Otras realidades llevarán poco a poco a entender la necesidad de fortalecer y revitalizar el espacio institucional común que representa la ONU. A Vladimir Putin, por ejemplo, no le ha salido bien su agresión a Ucrania. Pensó que su intervención sería como un paseo por el parque y que pronto tomaría control de ese país. Casi cinco años después, con 1.4 millones de sus soldados muertos, heridos o mutilados, está entrampado en una guerra que no ha ganado ni podrá ganar.  Tampoco a Estados Unidos y a Israel las cosas le han salido como esperaban en la guerra con Irán de la cual tampoco tienen claro cómo salir que no sea haciendo concesiones a ese país que jamás se imaginaron que podían hacer.

No es que la ONU haya sido siempre funcional y efectiva en la solución de los grandes conflictos mundiales. Hay motivos válidos para quejarse y reclamar reformas. Los propios miembros permanentes del Consejo de Seguridad -los más poderosos- han ignorado con frecuencia sus mandatos y sus canales institucionales. No obstante, esta organización ha jugado un papel relevante en múltiples situaciones de crisis alrededor del mundo en las que ningún país por sí solo puede proveer la solución.

La apuesta debe ser, entonces, a favor del diálogo constructivo y abierto por la reforma y el fortalecimiento de la esta organización, lo que debe empezar por reconocer su importancia y su legitimidad. La complejidad de las relaciones internacionales no puede dejarse al libre albedrío ni a la pura lógica del que tiene más poder o riqueza. Hay que perseverar en la cooperación y el fortalecimiento del multilateralismo, aunque sea, como es, una tarea difícil, pesada y lenta.

Abogado y profesor de Derecho Constitucional de la PUCMM. Es egresado de la Escuela de Derecho de esta universidad, con una maestría de la Universidad de Essex, Inglaterra, y un doctorado de la Universidad de Virginia, Estados Unidos. Socio gerente FDE Legal.