Ocoa merece mejor defensa
Defender a Ocoa no consiste en intentar intimidar a un periodista ni en desacreditar el ejercicio de la prensa libre
A quienes no nacimos en San José de Ocoa, como es mi caso, pero hemos tenido el privilegio de recorrer esa provincia desde el Cruce hasta sus comunidades más apartadas, tanto por razones profesionales como por el disfrute familiar, nos duele el nivel del debate que ha surgido tras la publicación de mi artículo: “Ocoa, ¿jardín del narcotráfico?”.
En lugar de una respuesta sustentada en hechos, datos o argumentos, algunos han preferido el camino de la descalificación, el insulto y el ataque personal, una reacción que poco aporta a la discusión pública.
Lamento que la gobernadora provincial, una regidora y un autodenominado comunicador hayan reaccionado con tanta vehemencia sin, al parecer, detenerse a leer el contenido del artículo. De haberlo hecho, habrían comprobado que en ninguna de sus líneas existe una ofensa contra el pueblo ocoeño. Todo lo contrario: cada párrafo constituye una defensa de una provincia hermosa, laboriosa y fundamental para la producción agrícola de la República Dominicana. Quien lea el texto con objetividad encontrará un llamado a proteger ese patrimonio humano y productivo, no a desacreditarlo.
Lo verdaderamente preocupante no son los insultos dirigidos contra un periodista. Lo grave es que la discusión haya servido para desviar la atención del asunto esencial. La pregunta sigue siendo la misma: ¿a quién pertenecían las más de 15 mil plantas de marihuana decomisadas en las montañas de San José de Ocoa? Esa es la investigación que corresponde profundizar a las autoridades, hasta identificar no solo a los responsables directos, sino, también a quienes financian, organizan o protegen esa actividad ilícita. El país necesita respuestas claras y acciones concretas, no cortinas de humo ni campañas de descrédito.
Jamás ha sido mi intención ofender a un pueblo al que profeso respeto y admiración. Conozco el sacrificio de sus agricultores, la hospitalidad de su gente y el enorme aporte que realizan a la economía nacional. Precisamente por ese aprecio considero que Ocoa merece ser protegida de quienes intentan convertir parte de su territorio en escenario de actividades criminales y también de quienes prefieren negar una realidad antes que enfrentarla con responsabilidad.
Defender a Ocoa no consiste en intentar intimidar a un periodista ni en desacreditar el ejercicio de la prensa libre. La crítica responsable, la investigación periodística y el cuestionamiento de los hechos forman parte del funcionamiento de toda democracia. Los periodistas no estamos para complacer al poder, ni para autocensurarnos por miedo a campañas de descrédito, sino, para formular las preguntas incómodas que el interés público demanda y dar seguimiento a los temas que afectan a la sociedad.
Si realmente aman a San José de Ocoa, demuéstrenlo exigiendo que los hechos sean esclarecidos, que los responsables sean sometidos a la justicia y que la verdad prevalezca sobre la estridencia. Esa será siempre la mejor manera de defender el buen nombre de una provincia que merece ser reconocida por el trabajo honrado de su gente, por su riqueza agrícola y por su capacidad de enfrentar los problemas con valentía, transparencia y sentido de responsabilidad, nunca por el silencio frente al crimen organizado.