Los referentes de la juventud
La formación cívica y la dignidad humana como pilares para los estudiantes
Hay gestos que, aunque sencillos, tienen un extraordinario valor social. La reciente visita de la procuradora general de la República, Yeni Berenice Reynoso, al Liceo Matías Ramón Mella, en Las Palmas de Herrera, es uno de ellos. No se trató solamente de una funcionaria impartiendo docencia, sino de una autoridad que decidió acercarse a los jóvenes y demostrarles que el éxito también puede construirse desde la disciplina, la preparación académica y los valores.
Durante el encuentro, la magistrada conversó con estudiantes de sexto de secundaria sobre sus derechos y deberes, el respeto a la Constitución, la dignidad humana y el rechazo al acoso escolar. También los motivó a estudiar y participar en la transformación de sus comunidades.
Pero, más allá de aquella clase, existe una enseñanza profunda: nuestros niños y adolescentes necesitan conocer a personas cuyas trayectorias puedan convertirse en referentes positivos.
Vivimos en una sociedad donde las redes sociales han multiplicado la exposición a falsos modelos de éxito. Personajes que exhiben riquezas de procedencia cuestionable, celebridades construidas sobre la vulgaridad y figuras que confunden popularidad con prestigio ocupan buena parte del universo digital de nuestros jóvenes.
Resulta preocupante que muchos adolescentes conozcan más sobre un influenciador que promueve conductas reprochables que sobre profesionales, científicos, educadores, empresarios honestos o servidores públicos que han alcanzado posiciones relevantes mediante el esfuerzo.
Por eso, iniciativas como la protagonizada por Yeni Berenice merecen reconocimiento y, sobre todo, multiplicarse. Imagino cuánto puede significar para una adolescente de Herrera conversar con una mujer que ocupa una de las más altas responsabilidades del sistema de justicia dominicano. Escucharla, hacerle preguntas y comprender que detrás de una posición importante existen años de estudio, sacrificios y decisiones personales. Ese contacto humano puede sembrar aspiraciones que ningún discurso institucional consigue despertar por sí solo.
Sería extraordinario que ministros, jueces, legisladores, empresarios, académicos, científicos y líderes políticos de conducta ejemplar asumieran el compromiso de visitar escuelas públicas, especialmente aquellas ubicadas en comunidades vulnerables.
No para pronunciar discursos formales ni buscar fotografías destinadas a las redes sociales, sino para compartir experiencias, escuchar inquietudes y mostrar que la verdadera grandeza está vinculada al conocimiento, la integridad y el servicio. Naturalmente, convertirse en referente exige coherencia. No basta con ocupar una posición de poder o exhibir títulos académicos. Quien pretenda inspirar a nuestros jóvenes debe procurar que sus actuaciones públicas y privadas sean compatibles con los valores que predica.
Ojalá que aquella clase en Las Palmas de Herrera sea el comienzo de una práctica permanente, porque cuando una autoridad entra a un aula con humildad y vocación de servicio, puede dejar una huella que trascienda generaciones.
Y quizás, entre aquellos estudiantes, esté creciendo una futura procuradora general de la República. Una joven que solo necesitaba descubrir que también podía llegar.