Las buenas políticas del FMI
La resiliencia macroeconómica como prioridad
La semana pasada, la directora gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), Kristalina Georgieva, pronunció un discurso en el que presentó una radiografía de los retos que enfrenta la economía mundial. Desde una perspectiva macroeconómica, la guerra en Oriente Medio constituye un choque de oferta negativo, global y asimétrico, con una contracción del 13% del flujo mundial de petróleo y del 20% del suministro de gas natural licuado.
Ese tipo de perturbación, de mayor magnitud que la registrada durante la crisis petrolera de los años setenta, vuelve a evidenciar la vulnerabilidad estructural del sistema productivo internacional ante interrupciones geopolíticas en nodos energéticos críticos. Los países menos afectados serán los exportadores netos de combustibles alejados de la zona del conflicto, como Venezuela, Brasil y México. En contraste, los importadores netos de combustibles —que constituyen el 80% del total, incluida República Dominicana— sufrirán con mayor intensidad el deterioro de los términos de intercambio, lo cual es equivalente a una reducción de su nivel de riqueza. A ello se suma el grupo de países involucrados en el conflicto o situados en su entorno geográfico, cuya producción no cuenta con otra vía de exportación distinta al estrecho de Ormuz.
Georgieva subrayó que el desabastecimiento y el aumento del precio de los contratos de crudo —de 72 a un máximo de 120 dólares— han desencadenado un efecto dominó: paralizaciones en refinerías, escasez de diésel y combustible de aviación, disrupciones logísticas y un incremento de millones de personas en situación de inseguridad alimentaria por el encarecimiento de los fertilizantes. Además, las alteraciones de las cadenas productivas han llevado el precio del petróleo para entrega inmediata por encima de los 147 dólares por barril, situación que ha presionado al alza los costos de producción y ha provocado racionamientos de combustibles en algunos países asiáticos.
La economía global opera hoy con cuellos de botella simultáneos en energía, transporte e insumos industriales esenciales, los cuales reducirán el ritmo de la actividad económica. El impacto sobre el crecimiento dependerá de la intensidad y duración del conflicto bélico. En el próximo reporte de “Perspectivas de la economía mundial,” que se publicará esta semana, el FMI presentará tres escenarios. Uno consiste en la normalización relativamente rápida del conflicto; el segundo es un escenario intermedio; el tercero asume que los precios del petróleo y del gas se mantienen elevados durante un período prolongado, lo que genera efectos de segunda vuelta que refuerzan la persistencia de la inflación.
Incluso en un panorama de alto al fuego duradero, el FMI anticipa una revisión a la baja del crecimiento mundial. Los daños a infraestructuras estratégicas —como la de Ras Laffan en Catar, que suple el 93% del gas natural licuado del Golfo Pérsico, y otras instalaciones de Arabia Saudita que han mermado en 600 mil barriles diarios su capacidad productiva—, además de la incertidumbre del tránsito por el estrecho de Ormuz, todavía bajo control iraní, constituyen factores que recortarán el ritmo de expansión económica.
La directora gerente del FMI expuso también cómo debe gestionarse un choque de oferta sin agravar sus efectos sobre la inflación, el crecimiento económico y la estabilidad financiera. A marzo, la tasa de inflación de la eurozona aumentó 0.6 puntos porcentuales y se situó en un 2.5%. Por su parte, Estados Unidos registró en el mismo mes una variación de precios interanual de un 3.3%, un incremento de 0.9 puntos porcentuales respecto a febrero.
Ante ese choque de oferta negativo y su presión al alza de costos, Georgieva advierte que el ajuste de la demanda será inevitable, aunque la profundidad del impacto la determinará la respuesta de los bancos centrales. Son ellos los que deben mantener una postura vigilante, reafirmando su compromiso con la estabilidad de precios. Sin embargo, si las expectativas inflacionarias se desanclan —como sugiere el comportamiento ascendente en Estados Unidos y en la zona euro—, será necesario endurecer la política monetaria con una subida de las tasas de interés de referencia, aun a costa de un menor crecimiento económico. En la actualidad, existe una alta probabilidad de que el Banco Central Europeo (BCE) aumente su tasa de interés antes de junio, mientras que el mercado proyecta que la Reserva Federal, en el mejor de los casos, mantenga inalterada su tasa de política. En ese contexto, la directora gerente del FMI recordó en su exposición que la credibilidad del banco central y un sistema financiero resiliente, bien regulado y supervisado, se erigen como pilares básicos de la estabilidad macroeconómica.
En el ámbito fiscal, el FMI insiste en evitar subsidios generalizados y medidas que distorsionen los precios de los combustibles y la tarifa del servicio eléctrico. Con el fin de que la demanda se reduzca y se adapte al nuevo nivel de oferta, es imprescindible que los precios transmitan la señal adecuada a los consumidores para que estos se muevan hacia un equilibrio sostenible. Las ayudas con fondos públicos, sean subsidios o transferencias, han de ser focalizadas y temporales, de modo que beneficien únicamente a los hogares más vulnerables.
Por otro lado, con niveles de deuda pública muy por encima de los observados en años anteriores y pagos de intereses como porcentaje de las recaudaciones en ascenso, la mayoría de los países dispone de un margen de maniobra fiscal limitado. Un apoyo a la demanda mediante un déficit público más alto resultaría contraproducente, pues podría erosionar la confianza de los tenedores de bonos soberanos, quienes verían con preocupación que el gobierno utilice los recursos obtenidos mediante la emisión de deuda para subsidiar de forma generalizada a los compradores de combustibles. Por ello, se recomienda adoptar medidas que recompongan las finanzas públicas, una vez superado el choque actual.
En definitiva, Georgieva dejó claro en su exposición que la resiliencia macroeconómica no se improvisa. Necesita instituciones monetarias sólidas, disciplina fiscal y políticas coherentes capaces de navegar en un entorno global muy incierto. El mensaje es inequívoco: la resiliencia económica exige buenos fundamentos y marcos institucionales robustos. La estabilidad global dependerá de la calidad de las medidas que se adopten en el presente, ya que “las buenas políticas marcan la diferencia.”