¿Hacia otro holocausto?
Al leer los múltiples reportajes y artículos que se han publicado en los últimos días en el exterior sobre República Dominicana en el contexto del fin del Plan Nacional de Regularización de Extranjeros -The Washington Post, The New York Times, San Diego Free Press, Americas Quarterly, The New Yorker, El País, entre otros medios-, uno se queda con la sensación de que este país se encuentra en la antesala de un "tsunami social y racial" que arrasará a cientos de miles de personas que serán lanzadas en masa al otro lado de la frontera. El discurso se ha construido en torno a imágenes dantescas asociadas siempre a la masacre de 1937, lo que le da más dramatismo y sentido apocalíptico a lo que está supuesto a ocurrir. Poco o ningún interés ha habido de parte de estos reporteros y articulistas en detenerse a ver qué ha ocurrido en este país en el último año y medio, aun con sus limitaciones y deficiencias, en lo que respecta a la puesta en marcha de mecanismos legales que están llamados a regularizar la condición, como dominicanos o como migrantes, de algo más de 350 mil personas de la población migrante y sus descendientes.
Algunos ejemplos ilustran lo que acabo de decir. La evocación a la masacre de 1937 como matriz explicativa de los acontecimientos del presente reaparece en diferentes reportajes. En el artículo del New York Times -tal vez el más equilibrado de todos- firmado desde la ciudad de México por el periodista Azam Ahmed, se sostiene como premisa del análisis que la relación del pueblo dominicano con el pueblo haitiano "está cargada de resentimiento, tensión racial y la larga sombra de la masacre de decenas de miles de trabajadores haitianos ordenada por el dictador dominicano Rafael Trujillo en 1937". Una afirmación similar aparece en el artículo de San Diego Free Press y se menciona de una u otra manera en otros artículos.
Esta referencia tan directa a ese bochornoso acontecimiento de la historia dominicana como clave explicativa del presente por parte de articulistas y reporteros plantea dos interrogantes. La primera es, sin justificar a ese monstruo humano que se llamó Trujillo: ¿realmente se asesinaron decenas de miles de personas en la masacre de 1937? La verdad es que una sola persona que hubiera muerto en esas circunstancias es suficiente para justificar la indignación moral, pero el uso de esas cifras sin base objetiva parece tener como propósito asociarlas al manejo de cifras similares en lo que está supuesto a ocurrir en este país tras el fin del plan de regularización. De hecho, la oficial legal de la Fundación Open Society, Cassandre Theano, le declaró al Washington Post que las acciones del Gobierno dominicano son comparables a la desnacionalización de los judíos en la Alemania nazi, dejando entrever que como ese fue el primer acto perpetrado contra los judíos, al igual que lo que está ocurriendo en República Dominicana, parecería entonces que este país se encamina a una especie de holocausto contra la población haitiana y de origen haitiano. La propia periodista que escribió el reportaje, Abby Phillip, señala incorrectamente que el Gobierno dominicano ha descrito sus acciones como una "limpieza" de su sistema migratorio, término que evoca situaciones repugnantes como la limpieza étnica ocurrida en los Balcanes a principios de los años noventa.
La otra pregunta que hay que hacerse es: ¿realmente hay una conexión entre lo que ocurrió en 1937 con lo que sucede en el presente? No podemos negar, como es discurso corriente en nuestro país, que hemos tenido una historia de relación con la población migrante haitiana y sus descendientes marcada por el abuso, la explotación y la negación de derechos, pero esto no justifica que se evoque constantemente los acontecimientos de 1937 como telón de fondo que sobre-determina nuestro proceder en el presente.
Llama la atención en todos estos reportajes y artículos cómo se ignora, repito, lo que ha ocurrido en el último año y medio. Para ellos el tiempo se frisó en la supuesta desnacionalización de más de 200 mil personas como resultado de la sentencia 168-13 del Tribunal Constitucional, cifra que sale lamentablemente de la propia sentencia de este tribunal y del manejo alegre de algunos sectores para crear alarma en la población. El San Diego Free Press llega a decir que "tirar un cuarto de millón de personas en la frontera del país más pobre del hemisferio creará rápidamente un desastre de salud pública", como si de eso se tratara realmente.
El hecho es -ignorado convenientemente por la prensa internacional- que la Ley 169-14 validó legislativamente la documentación que acreditaba como dominicanos a los hijos de padres extranjeros en situación migratoria irregular que se encontraban inscritos en el registro civil. Este es, estrictamente hablando, el grupo de personas que fue considerado "desnacionalizado" por la referida sentencia. La ley también le ofreció una vía hacia la naturalización como dominicanos a aquellos que probasen haber nacido en el país pero no estaban inscritos en el registro civil, salida pragmática a una situación compleja frente a la cual existía la polarización entre, por un lado, quienes querían que se le reconociera automáticamente la nacionalidad a todo aquel que simplemente dijera haber nacido en el territorio nacional y, por el otro, quienes abogaban porque no se le reconociera la nacionalidad a ninguna de las personas que estaban en esta condición.
Por su parte, al Plan Nacional de Regularización de Extranjeros se acogieron alrededor de 288,000 personas, la abrumadora mayoría de origen haitiano. Ciertamente, el proceso tuvo fallas, como es natural, pero nadie puede negar el gran esfuerzo que hicieron las autoridades para que en el Plan de Regularización se inscribiera el mayor número de migrantes indocumentados. Y si a esta cifra se agregan los que se ha beneficiado de la Ley 169-14, más de 350 mil personas que antes se encontraban fuera de la legalidad han encontrado un sustento legal para vivir en República Dominicana. En ningún proceso de regularización migratoria se alcanza al universo de la población migrante, por lo que si bien muchas personas quedaron fuera del Plan y están expuestos a ser repatriados, esas cifras no pueden ser subestimadas o ignoradas como si no representaran un hito importante en la historia de la migración haitiana en la República Dominicana.
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