Trabajo político
El regreso de Gonzalo Castillo redefine el tablero político dominicano hacia 2028
La batalla electoral de 2028 va tomando forma. El auto de no ha lugar que favoreció a Gonzalo Castillo en el caso Calamar, pendiente de apelación, no solo tiene efecto judicial. Le devuelve al PLD una figura con capacidad de competencia y recoloca en el escenario a dos protagonistas de 2020, Leonel Fernández y el propio Gonzalo que dice que va con todo para el 2028.
En esta fase ya arrancó el trabajo político: convertir liderazgo en maquinaria electoral. Eso supone algo más que besar señoras octogenarias y repartir dinero. Implica esperanza, construir presencia territorial, escuchar a juntas de vecinos, clubes, iglesias, productores, comerciantes y dirigentes comunitarios; actualizar padrones de trabajo, identificar simpatizantes, construir alianzas, formar delegados y estructurar equipos capaces de transformar, en mayo de 2028, la simpatía dispersa de una población cada vez menos atada a los partidos tradicionales.
En los corrillos políticos se reconoce a Leonel Fernández como una figura de primer orden, con experiencia, discurso y una base leal. Pero a la Fuerza del Pueblo se le cuestiona si tiene a los trabajadores necesarios que manejen el oficio de base para operar de manera efectiva. Su tarea será fortalecer a los políticos de intermedio y de base, ampliar su padrón y consolidar una maquinaria capaz de movilizar y defender votos.
El PLD, con Gonzalo nuevamente habilitado para actuar sin el peso inmediato de la persecución judicial, logra una victoria moral. A los liderados por Danilo Medina se les reconoce disciplina para reorganizar la estructura golpeada por derrotas, divisiones y desconfianza pública. Su reto será recuperar dirigentes territoriales, reactivar comités y sacudirse del desprestigio que señalan las encuestas.
El PRM, que llevaría de candidato a uno nuevo, llega con la ventaja del poder y lo que eso implica en todos los órdenes. Pero esas ventajas no garantizan continuidad. Su riesgo es que la competencia interna deje heridas difíciles de cerrar. Su desafío será conectar lo bueno de la gestión actual y lograr que el liderazgo medio impulse al candidato escogido mientras se revalida la ilusión.
Su principal aspirante tiene la ventaja de que ha hecho una gestión exitosa en el Ministerio de Turismo y ha podido desmarcarse de las fallas y el desgaste del Gobierno.
Tras ganar en 2024 con un alto nivel de abstención electoral, Luis Abinader dijo: “Todos quieren que vote más gente (en las elecciones), pero lo decisivo es llevar a votar a los propios” y continuó: “había que preguntarles a los demás partidos (la oposición) ¿qué le pasó?”. Esa idea resume el ciclo que viene.
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