Artemis y Apolo comparten edificio... y lecciones de física
El equipo de control de la misión Artemis II en Houston se encarga de mantener la comunicación con la nave Orion y asegurar su correcto funcionamiento durante el viaje
Mientras la tripulación que va rumbo a la Luna duerme, a miles de kilómetros de distancia, especialistas de la misión Artemis II cuidan de su viaje desde la Tierra. La tecnología es de última generación, pero descansa en lecciones heredadas de las misiones Apolo.
Es viernes por la mañana e inicia el tercero de diez días de Artemis II. Un equipo de ingenieros y técnicos vigila un centenar de pantallas encendidas en el Centro Espacial Johnson de Houston, Texas, sur de Estados Unidos.
Desde allí se mantiene comunicación con la nave Orion, que debe llegar a la órbita de la Luna el 6 de abril y luego iniciar su regreso a Tierra, en un recorrido total de hasta 800,000 km.
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Centro de Control de Vuelo
El centro neurálgico de la operación es la Sala de Control de Vuelo White. Allí está el escritorio de los directores de vuelo Judd Frieling y Rick Henfling.
Cerca de ellos se observa la consola del CapCom o comunicador de cápsula, desde donde el experimentado astronauta Stan Love transmite instrucciones, actualizaciones de vuelo y decisiones del director de vuelo a los astronautas a bordo: los estadounidenses Reid Wiseman, Victor Glover y Christina Koch, y el canadiense Jeremy Hansen.
"El equipo de control de la misión está muy bien capacitado y son expertos en los sistemas que supervisan en la nave espacial. Trabajan durante años para obtener la capacitación necesaria y desempeñar este rol, en primera línea", explicó a la AFP Kylie Clem, funcionaria de la oficina de comunicaciones de la NASA.
"Cada persona que se ve en la sala cuenta con colegas que trabajan tras bastidores, brindándoles apoyo. Por lo tanto, son varias las personas que supervisan todos los datos e información para respaldar la misión", agregó.
Historia de la Exploración Espacial
Es en este centro espacial donde el 20 de julio de 1969 se recibió una frase que dio calma a millones de estadounidenses: "Houston, aquí base Tranquility. El Eagle ha alunizado".
Era Neil Armstrong, con la llegada del primer hombre a la Luna, en el Apolo 11, hablando antes de la ya famosa "Un pequeño paso para el hombre, un gran salto para la humanidad".
O aquella que los llenó de angustia el 13 de abril de 1970, durante la misión Apolo 13: "Houston, hemos tenido un problema", pronunciada por Jim Lovell, tras la explosión de un tanque de oxígeno que obligó a abortar el alunizaje.
"Todas nuestras salas de control de misión se encuentran en el mismo edificio. Si bien hay diferentes alas que se han modificado a lo largo de los años, estamos en el mismo edificio que la histórica sala de control de la misión Apolo, la sala de control de vuelo de la Estación Espacial Internacional y esta sala en la que nos encontramos ahora", explicó Clem.
Avances Tecnológicos
Artemis II es la primera misión a la Luna desde la última Apolo, en 1972. Más de medio siglo después, la tecnología permitió mejoras.
"Sin duda cambió la capacidad de procesamiento y la cantidad de software; tenemos más de 900,000 líneas de código. Creo que la capacidad de la tripulación para interactuar con los sistemas a un nivel muy profundo a través de las pantallas es fundamental. Y, por supuesto, contamos con procedimientos electrónicos que nos permiten prescindir de papel", explicó Howard Hu, director del programa Orion de la NASA.
Se suman la capacidad de los sensores, el GPS, "la capacidad de saber exactamente dónde estamos en el espacio, la precisión con la que podemos realizar maniobras de encuentro y acoplamiento; incluso con una cámara, representa un gran avance tecnológico", agregó.
Y la nave creció para llevar no a 3 sino a 4 ocupantes, compactando componentes pero manteniendo la misma funcionalidad.
Sin embargo, las misiones Apolo se acercaron a la perfección al fabricar una nave de forma cónica que garantiza estabilidad durante el reingreso a la atmósfera. Y Artemis se apoya en ese concepto.
"La física no cambia. La forma de lágrima [de la nave] es muy eficiente desde el punto de vista aerodinámico. Los genios del programa Apolo eran excelentes ingenieros técnicos, y la ingeniería y la física no cambian, así que aprendimos mucho de ellos en cuanto a sus conocimientos y los aprovechamos", dijo Hu.