La “boa” enana: una pequeña serpiente que vive casi invisible entre nosotros
También conocida como falsa boa, Tropidophis haetianus es una pequeña serpiente endémica de La Española que puede superar los 50 centímetros de longitud
No es venenosa y, aunque comparte algunas características con las boas, pertenece a un linaje diferente
Pequeña, discreta y principalmente nocturna. A primera vista, Tropidophis haetianus podría parecer una boa en miniatura. Incluso utiliza la constricción para someter a sus presas. De ahí que sea conocida comúnmente como boa enana y también como falsa boa.
Pero esta pequeña serpiente guarda una primera sorpresa: no pertenece a la familia de las boas verdaderas.
Tropidophis haetianus forma parte de Tropidophiidae, mientras que las boas verdaderas pertenecen a Boidae. En La Española, estas últimas están representadas por serpientes del género Chilabothrus, entre ellas la conocida culebra jabá.
Y esa no es la única característica sorprendente de este pequeño reptil endémico de La Española. Puede experimentar cambios fisiológicos de color, posee un inusual mecanismo defensivo y desarrolla buena parte de su actividad durante la noche.
Además, puede vivir mucho más cerca de nosotros de lo que imaginamos.
Una pequeña serpiente de La Española
Tropidophis haetianus fue descrita científicamente por Edward Drinker Cope en 1879.
Presenta un cuerpo relativamente robusto y cilíndrico, que puede superar ligeramente los 55 centímetros de longitud sin incluir la cola, y una cabeza poco diferenciada del cuello. Su cuerpo muestra numerosas manchas dorsales y laterales, y su coloración puede variar considerablemente entre individuos.
Actualmente se reconocen tres subespecies de T. haetianus: T. h. haetianus, T. h. hemerus y T. h. tiburonensis, distribuidas en distintas zonas de La Española.
Su tamaño es diminuto si se compara con el de algunas de las boas verdaderas de la isla, pero ser pequeña no significa ocupar un papel menor dentro de los ecosistemas donde habita.
Una pequeña constrictora
Aunque no pertenece a la familia de las boas verdaderas, Tropidophis haetianus comparte con ellas una característica que probablemente contribuyó a su nombre común: utiliza la constricción para someter a algunas de sus presas.
No posee veneno para hacerlo. Utiliza su pequeño pero musculoso cuerpo para inmovilizar animales adecuados a su tamaño.
Su dieta incluye pequeños vertebrados y, como depredadora, forma parte de las redes alimentarias de los ambientes donde habita. Al mismo tiempo, su reducido tamaño hace que también pueda convertirse en presa de otros animales.
Su actividad es predominantemente nocturna. Durante el día puede permanecer oculta en refugios y pequeños espacios difíciles de detectar.
Esta combinación de tamaño reducido, hábitos discretos y actividad principalmente nocturna ayuda a explicar por qué una especie ampliamente distribuida por La Española puede resultar prácticamente desconocida para muchas personas.
Una serpiente que cambia de color
Una de las características más curiosas de Tropidophis haetianus es su capacidad para experimentar cambios fisiológicos de color.
En 1989, los investigadores S. Blair Hedges, Carl A. Hass y Timothy K. Maugel publicaron en Journal of Herpetology un estudio experimental sobre este fenómeno que incluyó a T. haetianus.
Los investigadores comprobaron que un mismo individuo puede presentar fases considerablemente más claras u oscuras debido a cambios fisiológicos relacionados con las células pigmentarias. También encontraron un ciclo diario asociado a estas variaciones.
Esto no significa que la serpiente pueda adoptar cualquier color, como solemos imaginar cuando pensamos en un camaleón. Se trata de variaciones en la intensidad y la apariencia de su propia coloración.
Esta característica también obliga a ser prudentes cuando se intenta distinguir individuos únicamente por su color.
Sangre como mecanismo de defensa
Pero quizás una de las características más extraordinarias de las serpientes del género Tropidophis aparece cuando se sienten seriamente amenazadas.
En el género se ha documentado un comportamiento conocido como autohemorragia. Ante determinadas situaciones de amenaza intensa, algunos ejemplares pueden presentar o expulsar sangre alrededor de los ojos y la boca.
Es un mecanismo defensivo poco común entre las serpientes y puede resultar particularmente desconcertante para quien nunca lo haya observado.
- Sin embargo, aunque el comportamiento está documentado científicamente, todavía existen interrogantes sobre su mecanismo fisiológico preciso y sobre la ventaja exacta que proporciona frente a potenciales depredadores.
Las serpientes del género Tropidophis también pueden recurrir a otras respuestas defensivas, entre ellas, enrollar el cuerpo y permanecer inmóviles.
Detrás de una serpiente de apenas unas decenas de centímetros existe, por tanto, un repertorio de comportamientos mucho más complejo de lo que su tamaño podría sugerir.
En La Española hay dos
Durante mucho tiempo, Tropidophis haetianus fue la única especie de este género conocida en La Española.
El herpetólogo dominicano Miguel Ángel Landestoy describió científicamente en 2023 Tropidophis leonae, una nueva especie encontrada en el bosque seco del procurrente de Barahona, en la provincia de Pedernales.
La especie se diferencia de T. haetianus por características de la escamación, las proporciones corporales y el patrón de coloración. Presenta un cuerpo más esbelto y lateralmente comprimido y, hasta ahora, se conoce en un área geográfica mucho más restringida.
Los ejemplares utilizados para su descripción midieron 362 y 389 milímetros de longitud hocico-cloaca, mientras que la longitud máxima registrada para T. haetianus alcanza los 552 milímetros.
El descubrimiento elevó a dos el número de especies de Tropidophis conocidas en La Española y demuestra que, incluso entre los vertebrados de una isla ampliamente estudiada, todavía queda biodiversidad por describir.
Cuatro encuentros en Santo Domingo
En los últimos cuatro o cinco años he tenido cuatro encuentros con Tropidophis haetianus. Todos han ocurrido en Santo Domingo y dentro de un área relativamente pequeña.
Los dos primeros terminaron mal para las serpientes. La primera había sido golpeada y presentaba heridas tan graves que no pudo sobrevivir. La segunda apareció muerta después de ser atacada por perros.
Los dos encuentros más recientes, en cambio, han sido con ejemplares vivos que he podido observar y fotografiar.
El último ocurrió recientemente, cuando encontré una Tropidophis sobre el tronco inclinado de un árbol de aguacate. Su coloración combinaba tonos marrones, rojizos y anaranjados y, bajo la luz utilizada para fotografiarla, sus escamas mostraban una llamativa iridiscencia con reflejos dorados.
Durante cerca de una hora y media permaneció en el lugar, lo que permitió realizar fotografías macro de sus ojos, cabeza y escamas. La noche siguiente volvió a ser observada en el mismo punto.
Cuatro encuentros personales no permiten establecer la abundancia de la especie ni sacar conclusiones sobre su población en Santo Domingo. Tampoco permiten saber cuántos individuos diferentes representan esos registros.
Pero sí muestran algo mucho más sencillo: esta pequeña serpiente forma parte de la biodiversidad con la que compartimos espacio en la ciudad.
Es una dicha que todavía podamos encontrar este tipo de biodiversidad dentro de una ciudad densamente habitada. Pero, para conservar aquello que vive entre nosotros, primero tenemos que saber que existe.
Los efectos de una sociedad que envejece: en menos de 20 años habrá más ancianos que adolescentes
“Como una torta de casabe”: esperan reparación de calle afectada por lluvias en Don Honorio
163 años después: la gesta que devolvió la soberanía al pueblo dominicano
La “boa” enana: una pequeña serpiente que vive casi invisible entre nosotros