La medicina estética moderna apuesta por la naturalidad y la prevención

Especialista española defiende que los tratamientos personalizados deben respetar la armonía facial y la identidad del paciente

Las facciones exageradas con excesivos volúmenes se evitan. (Cedida a EFE)

Ni pómulos desproporcionados ni expresiones congeladas: la medicina estética del futuro es la que reproduce el “efecto buena cara” sin resultar evidente y que, tras un estudio exhaustivo de los rasgos del paciente, los respeta sin deformarlos. Estas son, según una especialista líder en el sector, las claves esenciales del nuevo enfoque.

Con más de 25 años de trayectoria, la doctora Mar Mira es una referente en medicina estética por sus trabajos naturales, aquellos que respetan la fisionomía del paciente, incluso cuando ese criterio exige decir “no” en favor de un resultado armónico y sin huella estética.

La doctora, que ha abierto un nuevo centro en el corazón de Madrid, explica a EFE las claves de un modelo que, aunque hoy es tendencia, forma parte de su práctica desde los inicios, sustentado en un principio esencial: “es un acto médico, no un servicio banal ni un producto de consumo rápido”.

Acompañar y prevenir, no corregir

“Hace veinte años el foco estaba en corregir un rasgo concreto, una arruga o un surco. Hoy hablamos de acompañar el envejecimiento de forma coherente, desde la prevención y el mantenimiento”, explica.

Esta evolución ha permitido pasar de un abordaje fragmentado a una visión integral que tiene en cuenta la armonía facial y el estado emocional.

La naturalidad dejará de ser una tendencia para convertirse en la base de cualquier tratamiento.Mar Mira Doctora especialista en medicina estética

En este contexto, la denominada “belleza emocional” cobra relevancia. El objetivo ya no es modificar el rostro, sino lograr que la imagen exterior refleje cómo se siente la persona. “Si no estamos cansados, no debemos transmitir cansancio”, resume la especialista.

Sin embargo, este avance convive con una tendencia paralela marcada por la rapidez y la presión comercial. La proliferación de tratamientos estandarizados y resultados uniformes ha contribuido, según los expertos, a banalizar la práctica médica. “Es fundamental reivindicar que la medicina estética es medicina, con diagnóstico, indicación y seguimiento”, subraya Mira.

Naturalidad fisiológica: el efecto “buena cara”

Frente a la estandarización, la especialista defiende una naturalidad fisiológica basada en el respeto a las proporciones y a la dinámica muscular de cada rostro. “No existen protocolos universales. Cada paciente tiene una evolución distinta y un envejecimiento propio que debe ser comprendido antes de intervenir”, afirma.

Los tratamientos más demandados en este marco se orientan a la restauración y la prevención. Los neuromoduladores, la bioestimulación cutánea y el uso estratégico del ácido hialurónico constituyen los principales pilares, con un objetivo diferente al de años anteriores: no añadir volumen de forma indiscriminada, sino reposicionar y armonizar.

“Se busca un efecto de buena cara, de frescura, sin alterar la identidad”, explica. Esta tendencia responde a una demanda creciente de resultados “indetectables”, en los que la intervención médica no sea evidente, pero sí perceptible en el conjunto.

El reto, advierte, es evitar que la búsqueda de armonía derive en la repetición de rasgos. “La clave es la individualización basada en un diagnóstico facial detallado. Cada rostro tiene proporciones, gestos y una forma de expresar emociones que deben respetarse”, señala.

Estudio del rostro en reposo y en movimiento

Para lograr esa integración, el proceso comienza con una lectura global del rostro, tanto en reposo como en movimiento. A partir de ahí, se establece un plan con objetivos definidos y una secuencia lógica de intervención. “No se trata de hacer más o menos, sino de hacer lo preciso”, afirma.

En este sentido, el papel del médico incluye la capacidad de marcar límites. “Saber decir no forma parte de la responsabilidad profesional. Es una forma de cuidado”, sostiene. La relación médico-paciente se basa en la confianza y en la orientación hacia el bienestar a largo plazo.

La prevención se consolida como otro eje fundamental. Lejos de asociarse a una edad concreta, se plantea como una estrategia para preservar la armonía facial con el paso del tiempo. “Cuando se previene con criterio, el rostro evoluciona de forma natural y sostenida”, indica.

Este enfoque se complementa con hábitos de vida saludables, que influyen de manera directa en la calidad de la piel y en la apariencia general. La gestión del estrés, el descanso y la alimentación equilibrada forman parte de un plan integral que refuerza los resultados obtenidos en consulta.

Los especialistas advierten sobre los riesgos de trivializar esta disciplina. La simplificación mediática y la percepción de inmediatez pueden generar expectativas irreales y decisiones impulsivas. “Sin diagnóstico ni planificación, los resultados son insatisfactorios y se pierde la esencia del acto médico”, señala Mira.

La naturalidad, de tendencia a principio esencial

El futuro de la medicina estética se orienta hacia una mayor precisión técnica y planes personalizados a largo plazo. La innovación, lejos de sustituir el criterio médico, lo refuerza. “La naturalidad dejará de ser una tendencia para convertirse en la base de cualquier tratamiento”, concluye la doctora.

La medicina estética entra así en una nueva etapa en la que la discreción, la ética y la coherencia sustituyen al exceso. Una disciplina que, sin renunciar a la mejora de la imagen, reivindica su carácter médico y sitúa al paciente en el centro de la decisión.

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