Prometer la felicidad no es tarea fácil… pero tampoco imposible
Cada primero de agosto se celebra el Día Mundial de la Alegría, ocasión propicia para reflexionar sobre la necesidad de procurar estados de ánimos optimistas
A propósito del Día Mundial de la Alegría, conversamos con la psicóloga Geisha Carpio para profundizar en esta emoción, entender cómo influye en nuestro bienestar y descubrir por qué cultivarla no significa ignorar los momentos difíciles, sino aprender a transitar la vida con mayor equilibrio.
La alegría es mucho más que un estado de ánimo pasajero.
Emociones positivas y salud
Varias investigaciones en salud pública y psicología han examinado cómo el bienestar afectivo —como la alegría y la felicidad— se relaciona con procesos biológicos y con la forma en que afrontamos el estrés.
Según el análisis de Steptoe (2019), el bienestar puede comprenderse en distintas dimensiones (bienestar afectivo, eudaimónico y evaluativo), y se han observado vínculos con variables como cortisol (relacionado con el estrés), así como con aspectos vinculados al sueño y, en algunos casos, con inflamación o salud metabólica.
Ahora bien, la ciencia también advierte que no todos los resultados son idénticos ni siempre consistentes, especialmente cuando existen condiciones como depresión o estrés. Por eso, la conclusión más útil para la vida real es clara: las emociones positivas suelen potenciarse cuando van acompañadas de estrategias concretas para manejar el estrés y construir hábitos saludables.
Acciones diarias que favorecen el bienestar
En la práctica cotidiana, una recomendación aparece de forma recurrente: emplear el tiempo en actividades que disfrutamos y que tienen propósito.
En estudios sobre salud mental, se destaca que las actividades con significado pueden mejorar el bienestar porque ayudan a las personas a levantarse con más motivación y a experimentar satisfacción (Medicare Mental Health, s. f.).
De manera consistente, aparecen acciones como:
- Mover el cuerpo: actividad física adaptada a cada etapa.
- Cultivar hobbies y momentos de disfrute: lectura, música, baile, artes, o actividades creativas.
- Fortalecer vínculos: compartir con personas que suman calma y apoyo.
- Conectar con el propósito: ayudar, participar o involucrarse en acciones que hagan sentir utilidad.
- Descubrir e interesarse por algo nuevo: aprender una habilidad o explorar actividades al aire libre.
La alegría, vista desde la ciencia, no depende únicamente de “tener suerte”. También se alimenta con prácticas diarias.
Conductas a evitar para proteger el ánimo
Aunque la alegría se construye, también puede debilitarse. Para evitar que el positivismo sea solo apariencia, conviene observar comportamientos que tienden a empeorar el estado emocional, como:
- Permanecer atrapados en rumiación (dar vueltas al problema sin pausa).
- Aislarse cuando se necesita apoyo.
- Postergar descanso hasta que el cansancio lo decida todo.
- Exigir “sentirse bien” de inmediato, como si el malestar no tuviera explicación.
- Alimentar negatividad de manera continua (personas, contenidos o ambientes que desgastan).
En suma: cuidar el ánimo también significa cuidar el sistema que lo sostiene.
¿Y cuando hay incertidumbre?
Hay que mantener la alegría con microacciones. En momentos difíciles o inciertos. la alegría no siempre llega de golpe. Por eso, la recomendación es clara: sostener rutinas realistas y acciones pequeñas pero consistentes.
La Escuela de Medicina de Harvard sugiere ideas para encontrar paz o alegría en tiempos complicados, incluyendo movimiento, ayudar a otros, conectarse con lo espiritual/meditación, prestar atención a lo bueno y enfocarse en lo que da sentido (Collier, 2022).
En la vida diaria, esto puede traducirse en pasos mínimos: salir a caminar unos minutos, hablar con alguien de confianza, escuchar una canción que ordene la mente, o realizar una acción que recuerde para qué vale la pena seguir.
Por qué recordamos más lo negativo que lo positivo
Este punto explica muchas frustraciones: el cerebro tiende a priorizar lo negativo. Ese sesgo, aunque tiene sentido evolutivo, en el día a día nos hace subestimar lo bueno y amplificar lo malo. Aquí entra una herramienta poderosa: la gratitud y la práctica intencional de atención a lo positivo.
No se trata de maquillarlo todo; se trata de entrenar la mente para que registre también lo que ayuda a sanar, sostiene vínculos y reduce la sensación de carga.
Alegría como cuidado, no como obligación
Este primero de agosto, celebrar la alegría puede ser tan sencillo como elegir un acto significativo: compartir una comida, ayudar a alguien, escuchar música, salir veinte minutos, o decir con sinceridad “gracias”.
La ciencia sugiere que las emociones positivas, cuando se acompañan de hábitos y propósito, pueden mejorar la forma en que el cuerpo responde al estrés y la manera en que la mente organiza el bienestar.
Y si hoy no sientes alegría, también es válido: la emoción se acompaña y se construye con paciencia.
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