¿Por qué no se debe suspender de golpe un tratamiento psiquiátrico?
La médico psiquiatra Dorka Castillo explica por qué no basta con sentirse mejor para dejar los medicamentos y cómo debe hacerse de forma segura
Para muchas personas, la mejoría de los síntomas puede generar la duda de si ha llegado el momento de dejar un tratamiento psiquiátrico.
Si la ansiedad ha disminuido, el estado de ánimo ha mejorado o se ha recuperado el sueño, es comprensible preguntarse si todavía es necesario continuar con la medicación. Sin embargo, esa decisión no debe tomarse por cuenta propia.
Así lo advierte la psiquiatra Dorka Castillo, de @lotuscentrointegral, quien explica que “Si una persona se siente bien mientras está tomando su medicación es un reflejo de que el tratamiento está funcionando, y no necesariamente que la enfermedad ya no existe”.
Las consecuencias
La recomendación de los especialistas es clara: cualquier decisión de reducir o suspender una medicación debe hacerse con acompañamiento médico.
En el caso de los antidepresivos, por ejemplo, las guías recomiendan generalmente reducir la dosis de manera gradual, ya que la suspensión repentina puede provocar síntomas de retirada y aumentar el riesgo de que reaparezcan los problemas de salud mental.
Los efectos que aparecen después de suspender un medicamento psiquiátrico dependen del fármaco, la dosis, el tiempo de uso y las características de cada persona. Entre los síntomas que pueden presentarse la profesional cita mareos, náuseas, vértigo, ansiedad, insomnio e irritabilidad.
También pueden aparecer los conocidos brain zaps, descritos como sensaciones repentinas parecidas a pequeñas descargas eléctricas, además de síntomas similares a los de una gripe. Estos síntomas de discontinuación son reconocidos especialmente en algunos antidepresivos y pueden aparecer poco después de reducir la dosis o dejar de tomarla.
Pero hay una dificultad adicional: no siempre es fácil distinguir entre los efectos de retirar un medicamento y el regreso de la enfermedad que se estaba tratando.
¿Abstinencia o recaída?
El momento en que aparecen los síntomas puede ofrecer algunas pistas. Castillo explica que los síntomas de discontinuación suelen comenzar pocos días después de la última toma, aunque esto depende del medicamento y de sus características.
En cambio, una recaída suele manifestarse de manera más progresiva, con la reaparición de los síntomas que llevaron inicialmente a la persona a buscar ayuda, como tristeza, llanto o ansiedad.
Los síntomas físicos, como mareos, náuseas o esas particulares sensaciones eléctricas, también pueden apuntar hacia la discontinuación. Aun así, la distinción no siempre es evidente. Las fuentes especializadas señalan que puede ser necesario realizar un seguimiento clínico para diferenciar los síntomas de retirada de una posible recaída.
Por eso, ante cualquier síntoma después de modificar un tratamiento, lo más prudente es consultar al profesional que lo indicó en lugar de intentar interpretar por cuenta propia lo que está ocurriendo.
No todos se suspenden de la misma manera
Hay tratamientos que requieren especial precaución, sostiene la psiquiatra. Entre ellos se encuentran las benzodiacepinas, particularmente cuando se han utilizado durante períodos prolongados o a dosis altas. Según Castillo, suspenderlas abruptamente puede provocar síntomas como confusión y agitación y, en casos graves, convulsiones.
También requieren especial atención algunos antidepresivos de vida media corta, que pueden producir con mayor frecuencia síntomas de discontinuación, y determinados antipsicóticos, cuya interrupción brusca puede favorecer síntomas de rebote.
Esto es precisamente lo que hace que no exista una fórmula universal para dejar una medicación psiquiátrica. El plan debe adaptarse al medicamento y a la situación de cada paciente.
La clave está en hacerlo poco a poco
Reducir progresivamente la dosis permite que el sistema nervioso se adapte a los cambios producidos por la disminución del fármaco. El objetivo es reducir la posibilidad de que aparezcan síntomas de discontinuación y, si estos se presentan, ajustar el ritmo de reducción.
En el caso de los antidepresivos, las recomendaciones actuales contemplan que el proceso pueda durar semanas o meses, dependiendo de factores como el medicamento utilizado, el tiempo que lleva tomándose y la respuesta de cada persona.
Pero antes de decidir que ha llegado el momento de retirar un tratamiento, el psiquiatra debe mirar mucho más allá de cómo se siente el paciente ese día.
¿Cuándo es realmente el momento de dejarlo?
“Lo primero que se debe valorar es el diagnóstico y la gravedad del mismo”, explica Castillo. También deben considerarse los episodios previos, cuánto tiempo lleva la persona estable y si existen síntomas residuales, es decir, si realmente se ha alcanzado una remisión.
A esto se suman otros factores: consumo de sustancias, nivel de estrés, redes de apoyo, adherencia que ha tenido el paciente al tratamiento y su funcionamiento en los ámbitos social y laboral.
El estigma pesa
¿Por qué algunas personas siguen con mayor facilidad un tratamiento para la hipertensión, el colesterol o una enfermedad cardíaca, pero sienten dudas cuando se trata de un medicamento psiquiátrico?
Para Castillo, una parte de la respuesta está en el estigma que todavía rodea a la salud mental. Las enfermedades psiquiátricas no siempre tienen manifestaciones físicas visibles y, por ello, pueden ser incomprendidas incluso por personas cercanas al paciente.
Frases como “no necesitas medicamentos”, “te vas a volver dependiente” o “solo los locos toman esas pastillas” pueden generar dudas, culpa o vergüenza y terminar afectando la adherencia al tratamiento.
Hablar de salud mental con la misma naturalidad con la que se habla de cualquier otra condición médica también implica entender que tomar un medicamento no representa una debilidad ni define a quien lo necesita.
¿Y si ya lo dejaste de golpe?
La recomendación de Castillo es contactar al psiquiatra lo antes posible. Lo importante es no intentar reiniciar, suspender nuevamente ni modificar la dosis por cuenta propia. La conducta adecuada dependerá del medicamento, el tiempo durante el cual se utilizó y los síntomas que esté presentando la persona.
En definitiva, sentirse mejor no debería convertirse en una razón para abandonar de repente un tratamiento. Debería ser una oportunidad para hablar con el especialista y evaluar, juntos, cuál es el siguiente paso.