Las puntadas de luz de Geraldine de Santis

La escritora transforma la literatura infantil dominicana con historias que reflejan la cultura local

Geraldine de Santis, la autora dominicana que devuelve voz a la infancia dominicana. (Imagen cedida por: Geraldine de Santis)

Geraldine de Santis tiene una sonrisa que ilumina y esa luz atraviesa sus páginas. Coincidimos en el Festival Mar de Palabras y entendí muy pronto que, para ella, escribir para niños y jóvenes es mucho más que un oficio.

Aunque estudió Negocios y Relaciones Públicas y llegó a trabajar en una entidad bancaria, sentía que ese no era su lugar.

La muerte repentina de su padre terminó por despejar cualquier duda. Comprendió, como suele ocurrir después de las grandes pérdidas, que la vida es demasiado breve para aplazar aquello que nos apasiona. Decidió entonces dedicarse a la enseñanza. La escritura llegó después, como una consecuencia natural.

Su primer cuento nació al intentar ayudar a un alumno que pasaba demasiadas horas absorto por los videojuegos. Escribió un relato en el que pudiera reconocerse sin sentirse juzgado. A partir de ahí entendió que la literatura podía tender puentes de confianza allí donde los adultos muchas veces no sabemos llegar.

Su experiencia en las aulas despertó otra inquietud. Mientras enseñaba descubrió que abundaban las novelas sobre héroes de otros países, pero muy pocas que acercaran a niños y jóvenes dominicanos a los personajes de su propia cultura. Aquella ausencia marcó el rumbo de su escritura.

Geraldine no escribe únicamente para contar historias, sino para devolverles la voz a quienes rara vez aparecen en ellas. Cada novela nace de una investigación minuciosa. Es como bordar: puntada a puntada entrelaza historia, memoria e imaginación.

Así surgieron Nela la revoltosa, donde rescata la lucha independentista liderada por Ciriaco Ramírez contra la ocupación francesa de la isla, o La temible banda de los atracadores de sueños, una ingeniosa aventura sobre la importancia de no renunciar a la esperanza.

Dedica parte de su tiempo a recorrer escuelas públicas, formar docentes y promover la lectura allí donde más se necesita, porque sostiene que los niños tienen derecho a leer libros de buena calidad.

Sabe que el acceso a los libros está atravesado por profundas desigualdades y confía en que un niño, cuando encuentra el placer de leer, empieza a descubrir sus propias posibilidades.

Para Geraldine, un libro es también uno de los pocos lugares donde un niño ejerce plenamente su libertad. Allí nadie decide por él qué sentir, qué imaginar o cómo mirar el mundo. Cree que un lector nunca transforma únicamente su propia vida.

Un joven que lee puede despertar la curiosidad de sus hermanos, de su madre o de quienes lo rodean. Por eso está convencida de que formar lectores es también una manera de transformar una sociedad.

Geraldine de Santis entiende que la alegría es una forma de resistencia y que, si no cuidamos esa llama que acompaña la infancia, la vida termina apagándola demasiado pronto.

En sus obras, los niños y los jóvenes se sienten vistos y descubren que sus historias también merecen ser contadas.

Abogada especialista en derecho administrativo, entusiasta de la cultura y la palabra escrita.