No es lo mismo huelga que juerga
Las palabras nos recuerdan que tienen historia
Seguimos a vueltas con la hache y su larga y apasionante historia. Reconozco que a muchos puede no parecérselo, pero ustedes me conocen y saben que a los filólogos estas cosas de la lengua nos emocionan.
En estas últimas semanas hemos recordado que la mudez de la hache es engañosa, que su silencio es solo relativo, que depende de la etimología, de la historia, de la difusión regional y social de la palabra y del contexto en el que se use.
La lengua es así, un sistema muy complejo y muy antiguo que lleva en sus árganas la vida de millones de seres humanos. Jugando con el refranero, para muestra bien vale una hache.
Echemos mano del Diccionario de la lengua española y divirtámonos un rato jugando con la hache y su historia. Conozcamos a una preciosa familia de palabras del español que nace de la voz del latín tardío follicare, que significaba ‘soplar, respirar’.
Lo que nos dicen las letras
La misma raíz latina está presente en fuelle, ese instrumento que recoge aire y lo lanza en una dirección determinada, usado, por ejemplo, para avivar el fuego. Es la misma raíz que en follón, que lo mismo se refiere a una persona perezosa y negligente que a una ventosidad.
De follicare nacieron los españoles folgar y holgar. En su origen esta esa efe inicial latina que se empezó a aspirar y a aparecer representada con la hache.
Ambos comparten acepciones: ‘estar ocioso, no trabajar’, ‘descansar’, ‘alegrarse’. Un poco lo que ahora diríamos tomarse un respiro o echarse fresco. Curioso que todo tenga que ver con respirar y con el aire.
Del verbo holgar, en el que durante mucho tiempo la hache no fue muda sino aspirada –es decir, pronunciada como una jota muy suave–, nació el sustantivo holgorio. Con el tiempo este holgorio pronunciado con aspiración fue escribiéndose cada vez más jolgorio, una ortografía que reflejaba esa antigua pronunciación.
Holgorio y jolgorio se mantienen como variantes ortográficas de la misma palabra para referirse a una fiesta o diversión bulliciosa. La diferencia está en su vigencia.
Si consultamos el Corpus del Español del siglo XXI encontramos que holgorio solo aparece cuatro veces, mientras que jolgorio figura casi ochocientas. Pero ahí están las dos, vivitas y coleando.
De holgar también nació el sustantivo huelga, que en su origen se refería al tiempo que estaba sin labrarse la tierra o que alguien estaba sin trabajar. Al fin y al cabo, de holganza estamos hablando (que también conserva la variante en desuso folganza); más hermosos miembros de esta familia de palabras.
Esa huelga original desarrolló en siglos más cercanos a nosotros un sentido vinculado a los movimientos obreros, que es el más frecuente con diferencia en la actualidad: ‘interrupción colectiva de la actividad laboral por parte de los trabajadores con el fin de reivindicar ciertas condiciones o manifestar una protesta’.
De estar mano sobre mano seguimos hablando, aunque de una manera muy diferente.
La cosa no acaba aquí. Casi nunca lo hace cuando de palabras se trata. De huelga nació también la palabra juerga, cuya ortografía sí representa gráficamente esa antigua pronunciación aspirada de la hache que todavía conservamos hoy.
No es lo mismo estar en huelga que estar de juerga. Las palabras tienen su maravillosa forma de recordarnos que su historia está ahí.
No es lo mismo huelga que juerga
California prohibirá la venta de cigarrillos electrónicos desechables a partir de 2028
Irán dice que espera una respuesta de EE. UU. después de nuevas conversaciones indirectas
Liberan a hombre que pasó décadas en el corredor de la muerte de Utah tras nuevas pruebas de ADN