Piedad Bonnett: “Los radicalismos me mortifican mucho”

La escritora colombiana Piedad Bonnett llegará en junio a Mar de Palabras. Poeta, novelista, dramaturga… Cautiva con su estilo, atrapa con sus temas

Piedad Bonnett, autora de “Lo que no tiene nombre”, entre otros escritos. (Fuente externa)

Tiene tantos premios y tantos lectores (no siempre va unido) que lo primero que sorprende de Pilar Bonnett es la cercanía que crea en la entrevista. ¿Qué se le pregunta a la autora de Lo que no tiene nombre? ¿No sabemos ya todo de ella, después de esa confesión tan íntima de su vida y de esa tragedia?

—¿Quedó algo por decir, después de publicar Lo que no tiene nombre?

Uno se pregunta cuánta verdad contar… y no toda se cuenta. Podría haber contado más cosas, pero creo que un libro de duelo tiene que ser muy respetuoso con el lector, no abrumarlo. (Su hijo Daniel se suicidó a los 28 años) Quise que este libro fuera muy contenido, que no fuera... sentimental. Que guardara cierta intimidad. Creo que Daniel mató primero al pintor que era, antes de matarse él mismo. Hice un ejercicio, digamos, de síntesis. Creo que la literatura siempre es síntesis.

Su última obra es La voz de las cosas y empezó por las ilustraciones. ¿Hubiera podido ser pintora?

Absolutamente sí, pero no desarrollé eso desde la Academia. Y por eso siento que mis dibujitos son un poco naif. Creo que en mi familia hay una línea de relación con el dibujo y la pintura, tengo un bisabuelo que fue un pintor y yo fui una dibujante en la niñez y en la adolescencia. Pero luego me tocó optar y no me arrepiento de haber escogido la literatura.

¿Qué da la literatura que no le hubiera dado el arte?

Primero, que escogí lo más mío. Y segundo, me parece que el mundo de las artes plásticas hoy es muy difícil. Más duro que el de los escritores. Primero por los caminos por los que están caminando el arte, ¡ha despreciado tanto la pintura! Y además, obras de arte de hoy –el video, la instalación- pueden ser muy efímeras. Y también es un comercio muy especulativo, muy absurdo con todos esos precios que alcanza.

Cuando más feliz soy es cuando escribo poesíaPiedad BonnettPoeta

Dice su biografía que es una reputada crítica. ¿Cómo critica una escritora a sus colegas?

No soy crítica, eso alguien lo puso en mi hoja de vida y circula por todas partes.

Lo que soy es columnista. Y como columnista en El Espectador hablo de cosas coyunturales. En ABC hago cosas no coyunturales, más como embriones de posibles ensayos. Estuve 34 años en la universidad siendo maestra pero salí queriendo romper todo el lazo con lo académico. Así como me apasionó enseñar, también veo mucha esterilidad en la Academia. Y todos esos estudios que se hacen allá, montones de papeles para guardar en ninguna parte. O para publicar libros que no lee nadie. A mí me interesa más el ensayo.

¿Trabaja en alguno?

Estoy escribiendo un ensayo que publicaré el año entrante. Es acerca de una enfermedad muy rara que tengo: me dio un COVID totalmente tardío, en el 2024, y muy leve. Pero a las dos o tres semanas se manifestó una enfermedad que se llama parosmia. Provoca que el 80% de los alimentos me saben a podrido. O a quemado. O a basura. O a rancio. O a viejo. O a lo que te sueñes. Es una de las cosas más aterradoras que me ha pasado en la vida. Es una desconfiguración neuronal que provoca una distorsión de la percepción olfativa y del gusto.

¿Y es reprogramable?

Es posible. El cerebro tiene esa ductilidad que hace que mucha gente vuelva a la normalidad en un tiempo que es relativamente largo. En fin, que este libro fue mi salvación.

La vida y la literatura nutriéndose mutuamente

¡Sí! Es un libro sobre la relación con la comida como un umbral con el mundo. Primero es el placer, segundo es el deseo. Este libro se ha desplegado hacia muchos lugares. Y tiene que ver con el sujeto también: el estoicismo, la anulación del deseo, la aceptación. Pero no es un libro de autoayuda, por supuesto que no. Pero la vida cotidiana se me volvió tan difícil… y un día se me ocurrió “voy a escribir con esto un libro”. Es un libro que tiene humor. No es un ensayo propiamente dicho sino un ensayo narrativo porque yo soy la protagonista de esa experiencia. La mujer incierta sí es un libro autobiográfico. Lo autobiográfico siempre me ha atraído mucho, también en mi poesía.

Escribe novela, poesía, columna, teatro. ¿El argumento elige el género?

Es la intuición. Pero eso yo creo que es el primer requisito de un escritor. Saber, “esto es para un poema, esto sería una obra de teatro ”. Por ejemplo, yo tengo clarísimo cuando es una novela. A veces he tenido ideas para cuentos, hasta imagino cómo terminan, pero se me convierten en novelas.

Creo que la literatura siempre es síntesisPiedad BonnettPoeta

¿Cómo elige los títulos?

Me da muchísimo trabajo. Pero le dedico también mucho tiempo. Rara vez empieza una obra por el título. Por ejemplo, Qué hacer con estos pedazos. Yo estaba parada en mi cocina, que fue la cocina que aparece en esa novela y que sufrió una remodelación absolutamente caótica. Siete u ocho años después, yo lo tenía para un cuento cómico sobre todo lo que puede pasar alrededor de una cocina y de pronto se me convierte en un tema trágico. Y me pregunté, ¿qué hacer con estos pedazos? La cocina como una metáfora de una vida despedazada. Pero en general, titulo al final.

¿Cómo trabaja con tus editores? ¿Se deja llevar por ellos?

Yo me dejaría llevar… pero no confío suficiente. Lo que pasa es que ese editor inglés o el editor norteamericano, aquí no existe. Son personas relativamente jóvenes que se han hecho en un mundo editorial que además tiene mucha cosa comercial. Tuve alguna vez una editora en poesía que sí me sugirió algunas cosas y estoy dispuesta a aceptarlas. A veces también me sugieren cosas que no acepto porque tengo mucha claridad sobre lo que quiero. En general, los editores lo que hacen es pura corrección gramatical.

Como poeta tiene un manejo innato de la metáfora. Pero a la hora de escribir prosa, el adjetivo, tan fundamental para el ritmo… ¿le cuesta?

El proceso es muy diferente. Cuando estoy escribiendo poesía, se activa una parte del pensamiento simbólico, del pensamiento analógico, que hace que las imágenes y los adjetivos y todo eso salgan de una parte muy oscura, digamos de una manera un poco imprevisible, que a veces a mí me sorprende. ¿De dónde salió eso? Con la poesía yo no tengo casi que corregir.

La poesía me fluye de una manera como muy natural, como si mi cerebro estuviera dispuesto para eso. Como el dibujo, es como un don. La novela exige disciplina, exige trabajo, concentración, largas jornadas… Un poema puede salir en dos horas, pero cuando estoy escribiendo una novela yo me siento por lo menos tres o cuatro veces a la semana, cuatro o cinco horas, y el adjetivo me lo tengo que pensar mucho. Porque en la poesía pueden salir adjetivos muy insólitos, un poco absurdos, pero sin embargo, con mucho poder de comunicación que gratifican y sorprenden. En la novela me resulta más difícil. La novela para mí es como trabajo forzoso. Pienso que yo por ahora no voy a escribir novela.

Reivindico totalmente la idea del intelectual como ser político con una responsabilidad políticaPiedad BonnettPoeta

¿Y cuento?

No, tampoco. Quiero hacer una pausa. Quiero volver a la poesía de manera plena, por lo menos hasta que nazca una idea muy poderosa. Tengo ganas de escribir una historia de amor, pero comprenderás las dificultades de una historia de amor hoy en día. Julián Gorkin dice que la novela de amor ha muerto. Ya nadie cree en el amor romántico. Yo sí creo en el amor romántico.

¿Novela romántica? Sorprende, sí…

Yo querría hacer una novela de amor romántico, pero tiene que tener una forma muy contemporánea para que eso tenga sentido, no escribir una novela del siglo XIX. Pero yo creo que antes de año y medio no voy a empezar un libro de narrativa. Voy a dedicarme a la poesía, que me hace muchísima falta. Cuando más feliz soy es cuando escribo poesía.

La responsabilidad del intelectual

Vivir en Colombia es vivir en una realidad política muy determinante. Pero nunca ha tenido miedo a manifestarse. ¿Cree que el intelectual debe intervenir, hablar?

Absolutamente sí. Es un término que está muy desprestigiado. Yo reivindico totalmente la idea del intelectual. Me parece que es un ser político que tiene una responsabilidad política. Y por eso me interesa pronunciarme. ¿Hasta qué punto? es la pregunta que me hago. Por ejemplo, ahora que hemos quedado en una alternativa entre la izquierda radical y la derecha radical. Pues tampoco me voy a exponer yo, porque probablemente no vote en la segunda vuelta. Porque no quiero esas opciones. Yo me considero una persona de centro izquierda. Pero es tal la belicosidad y tal el desprecio por todo lo que sea moderación que no vale la pena ni siquiera que yo me ponga a explicar eso.

No solo en Colombia.

Siempre que me tengo que manifestar, me manifiesto. Mi columna de hoy para El Espectador es sobre las falencias de la Feria del Libro. Me va a atraer muchos problemas, seguramente. Fui la invitada de honor el año pasado, la que tuvo que dar el discurso en la Feria. Ni siquiera sería la más apropiada porque fui elegida, pero era una mesa con 11 hombres y yo. Y este año se repitió lo mismo. Ese es uno de los puntos, pero hay más. Yo creo que el pensamiento crítico bien argumentado es un factor de credibilidad y de respetabilidad.

¿La autoridad viene con la edad? ¿Piensa en el envejecimiento?

Sí. Absolutamente. Ahora, yo siempre fui lo que llaman una persona muy frentera.

Fui una niña imprudente, una adolescente que era capaz de discutir cosas que me traían, pues, digamos, como pequeños peligros. En la universidad fui una persona también activa. Así que eso me viene como de la manera como me educaron. Ahora, sí creo que lo que pasa es que el tiempo te da confianza sobre tus propios criterios porque con ellos has construido muy lentamente una manera de ver el mundo. Y también, fui una persona de izquierda a los 22 años muy equivocada. Pero el tiempo te da perspectiva porque dices, “mira lo que sucedió“.

¿Por ejemplo?

Pues…  yo llegué a amar la revolución cubana. Durante muchos años fui a Cuba, pero no porque fuera una militante, sino porque no rechazaba visceralmente la Revolución. Pero en ese momento ya tengo clarísimo que yo a Cuba no voy. Porque es una dictadura y porque es un país súper castigado por ese gobierno. Y bueno, no solamente por ese gobierno, también por los Estados Unidos. Pero como que uno va mirando en retrospectiva y volviéndose un poquito más hacia un pensamiento mucho más complejo y mucho menos radical. Los radicalismos me mortifican mucho ahora.

¿Le da miedo envejecer?

Fíjate que no me da ningún miedo en envejecer. Mi mamá murió en 103 el año pasado.

Mi papá tiene 100. Es posible que yo viva largamente. He visto los dolores del verdadero envejecimiento: mi papá es ciego, es sordo, mi papá no tiene movilidad. Y eso sí me da miedo. Pero como que lo veo tan lejano... Me llevo bien con la vejez, ¿sabes? Y con todas las renuncias que implica la vejez. La vejez es básicamente renuncia.

Con todas sus vivencias y tragedias y triunfos, ¿es feliz?

No, no soy feliz.

Pero es enormemente exitosa…

Tengo momentos de felicidad muy grandes. Con mis nietas por ejemplo. Y mis amigos. Y la escritura. Y mis lectores. Porque mis lectores tengo muchos, son muy amables. Tengo mucho reconocimiento en este país. Eso me da, digamos, un tipo de felicidad. Pero no es la euforia. Yo creo que eso también viene con el envejecimiento. Que las grandes felicidades como que ya no existen. ¿No? Y... Me cuesta mucho la cotidianeidad. Porque... mi vida se ha vuelto complicada y porque las pequeñas cosas me mortifican de una manera casi insoportable.

¿Cómo empezar a leerle? ¿Por dónde comenzar?

La experiencia me dice que mis lectores entraron a mí por Lo que no tiene nombre. Ahí me leyó gente que nunca me había leído y que sintió que ese libro las transformó por alguna razón personal o de empatía. Pienso que esa siempre es la puerta para entrar a mi literatura. Ahí me gustaría que me leyeran en poesía. Y tal vez que leyeran, si son mujeres, Qué hacer con estos pedazos y La mujer incierta. Pero hay una obrita que yo quiero mucho El prestigio de la belleza. Siempre pensé que a mi mamá yo no le parecía bonita, que era una mujer hermosísima. Ese libro es una novela de iniciación. Empieza cuando yo estoy naciendo y voy hasta los 15 años cuando me mandaron a un internado. Hablo de la experiencia transformadora de la literatura para una niña que siente que no es bonita.

Citas

1. Cuando más feliz soy es cuando escribo poesía

2. Creo que la literatura siempre es síntesis.

3. Reivindico totalmente la idea del intelectual como ser político con una responsabilidad política.

4. Yo me dejaría llevar por el editor… pero no confío lo suficiente

5.  Creo que el primer requisito de un escritor es la intuición

6. En la poesía pueden salir adjetivos muy insólitos, un poco absurdos, pero con mucho poder de comunicación que gratifican y sorprenden.

7. En ese momento ya tengo clarísimo que yo a Cuba no voy porque es una dictadura.

8. Lo que querría escribir es una novela romántica

Inés Aizpún es una periodista dominicana y española. Ha recibido el premio Caonabo de Oro, el Premio de la Fundación Corripio de Comunicación por su trayectoria, y el premio Teobaldo de la Asociación de Periodistas de Navarra.