Angélique Kidjo, primera música africana con estrella en el Paseo de la Fama de Hollywood

La suya será la estrella número 2,854 de la célebre avenida de Los Ángeles, solo la segunda concedida a un artista africano hasta ahora

La activista africana Angelique Kidjo en el Womad Cáceres 2025. (EFE/EPA/Laurent Gillieron)

Angélique Kidjo canta como si no pidiera permiso a nadie: ni al idioma ni al continente ni a la industria ni al tiempo.

Este martes, esa voz nacida en Benín y criada entre ritmos yoruba, fon, jazz, funk, salsa, góspel y afrobeats entra en el Paseo de la Fama de Hollywood como la primera música africana y la primera artista africana negra en recibir una estrella en ella.

La suya será la estrella número 2,854 de la célebre avenida de Los Ángeles, solo la segunda concedida a un artista africano hasta ahora, tras la de la sudafricana caucásica Charlize Theron en 2005.

Pero para Kidjo nunca ha sido solo una cuestión de nombre propio.

"Todavía no me lo creo. No es solo mi estrella, es nuestra estrella", dijo en una reciente entrevista con el medio OkayAfrica.

Ese plural resume una carrera de más de cuatro décadas en las que Kidjo ha convertido la música africana en un idioma universal.

Abanico de influencias

Nacida en 1960 en la ciudad costera de Ouidah, en el sur del actual Benín, la artista creció en una casa donde el escenario era un espacio conocido: su padre era músico y su madre, coreógrafa y directora de teatro.

Así, la artista casi comenzó a "cantar antes de hablar", según recuerda decir a su padre, y a los seis años ya actuaba con la compañía de su madre.

De niña, escuchó música tradicional de los reinos de Benín y Yoruba, pero también a artistas legendarios de fuera y dentro de África, como Miriam Makeba, Hugh Masekela (Sudáfrica), Fela Kuti (Nigeria), James Brown, Stevie Wonder y Jimi Hendrix (EE. UU.).

Quizás por eso su música nunca ha cabido en una sola etiqueta.

Kidjo ha publicado una veintena de discos, ha ganado cinco premios Grammy y el Polar Music Prize (2023), considerado el Nobel de la música.

Además, ha colaborado con artistas como Alicia Keys, Burna Boy, Sting, Philip Glass, Peter Gabriel, John Legend, Bono, Yo-Yo Ma, Pharrell Williams, Quavo o Celia Cruz.

A esta última artista cubana le dedicó un disco en 2019, con el que se llevó su segundo Grammy a mejor álbum de música global (2020).

Con este abanico de influencias, la voz de Kidjo puede sonar a África occidental, a Nueva York, a La Habana o a París, pero siempre regresa a su Benín natal.

Allí empezó todo y de allí tuvo que marcharse en 1983 rumbo a Francia, en un contexto marcado por la represión del régimen del presidente Mathieu Kérékou, que llegó al poder mediante un golpe de Estado militar en 1972.

"Desde el momento en que el régimen comunista llegó a Benín, me di cuenta de que la libertad de la que disfrutamos puede arrebatársenos en un segundo", declaró Kidjo a la cadena británica BBC en 2023.

En París, trabajó como corista, estudió música, se abrió paso en una escena competitiva y acabó lanzando una carrera internacional que la convirtió en una de las artistas africanas más reconocibles del mundo.

Su primer gran eco global llegó con canciones como Agolo (1994) o Wombo Lombo (1996), donde mezclaba percusión africana, conciencia ecológica, energía pop y una presencia escénica imposible de ignorar.

Mucho más que música

Pero Kidjo no solo ha cantado, sino que también ha convertido su carrera en una plataforma de activismo por la educación de las niñas, los derechos de las mujeres, la justicia climática y África.

La artista es embajadora de buena voluntad del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef), ha trabajado con Oxfam y creó la Fundación Batonga, centrada en apoyar a adolescentes y jóvenes vulnerables en Benín.

Kidjo ha sido llamada diva africana, madre del continente, embajadora cultural y fuerza creativa, pero este martes Hollywood resume en una estrella lo que ella lleva décadas haciendo con su música: levantar la mirada del mundo hacia África, sus lenguas, sus ritmos, sus mujeres y sus memorias.

En el mármol quedará escrito su nombre; en la música, hace tiempo que ya estaba grabada su voz.

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