Molina, Mendelssohn y Rachmaninoff: una noche de grandes clásicos
La Temporada Sinfónica 2026 presenta en su tercera noche un programa que une la música dominicana con dos obras emblemáticas del repertorio romántico
El tercer concierto de la Temporada Sinfónica 2026 se celebrará este miércoles 2 de septiembre con un programa que reúne tres obras de gran atractivo para el público: el segundo movimiento del Cuarteto Caribeño del maestro José Antonio Molina, titulado “Vuela, Sarambo, vuela”; el conocido Concierto para violín en mi menor, Op. 64, de Felix Mendelssohn; y la Sinfonía n.º 2, de Sergei Rachmaninoff.
En esta ocasión, la Orquesta Sinfónica Nacional tendrá en el podio a su director asistente, Santy Rodríguez, un joven maestro que ha mostrado una creciente seguridad y madurez al asumir programas de mayor complejidad.
Como solista participará la joven violinista Scarlett Martínez, integrante de la Orquesta Sinfónica Nacional. Nacida en Santo Domingo, inició su formación musical a los nueve años en la Escuela de Música Gocessa y desde entonces ha desarrollado una destacada trayectoria en escenarios nacionales e internacionales.
A los 14 años ingresó a la Orquesta Sinfónica Nacional de la República Dominicana y, a los 17, debutó como solista con esta agrupación. También ha actuado junto a la Orquesta Juan Pablo Duarte, la Sinfónica del Sur, los Hampton Roads Chamber Players, de Estados Unidos, y la Sinfonietta Molina.
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Un canto al Caribe
“Vuela, Sarambo, vuela” corresponde al segundo movimiento del Cuarteto Caribeño, obra compuesta por José Antonio Molina originalmente en 1995, en Nueva York, por encargo del Dillier-Quaile String Quartet, como un cuarteto de cuerdas tradicional. Posteriormente, el compositor realizó una adaptación para orquesta de cuerdas.
La obra está dedicada a sus padres, dos figuras fundamentales de la música y el folclor dominicanos: el compositor Papa Molina y la bailarina y coreógrafa Josefina Miniño.
Según las palabras del propio compositor, este segundo movimiento es un canto al mar y a la tierra caribeña, y, de manera especial, al sol que cobija la región cada día.
El Cuarteto Caribeño está compuesto por tres movimientos que combinan la rigurosidad de la música clásica con la riqueza rítmica del Caribe.
Mendelssohn y un concierto imprescindible
El Concierto para violín en mi menor, Op. 64, de Felix Mendelssohn, es una de las obras más conocidas y apreciadas del repertorio para este instrumento. Compuesto durante el período romántico, tiene una duración aproximada de 30 minutos y está estructurado en tres movimientos que se interpretan prácticamente sin interrupción.
El primero, Allegro molto appassionato, abre con una melodía intensa y emocional. Le sigue el Andante, de carácter sereno, lírico y delicado. El concierto concluye con un Allegretto non troppo - Allegro molto vivace, un movimiento ágil, luminoso y lleno de energía.
La interpretación de Scarlett Martínez permitirá acercar al público a una de las obras más exigentes y populares del repertorio violinístico.
La fuerza romántica de Rachmaninoff
Rachmaninoff compuso su Sinfonía n.º 2 entre 1906 y 1907, aproximadamente una década después de su primera sinfonía, cuyo fracaso ante la crítica y el público desencadenó una de las crisis personales más conocidas de la historia de la música.
Sin embargo, el compositor retomó su actividad creativa y, en 1901, alcanzó uno de sus mayores éxitos con el Concierto para piano n.º 2 en do menor, Op. 18.
Posteriormente, durante su estancia en Dresde, comenzó a trabajar en nuevas composiciones, entre ellas su Sonata para piano n.º 1, las canciones de la Op. 6, el poema sinfónico La isla de los muertos y la que se convertiría en una de sus grandes obras orquestales: la Sinfonía n.º 2.
Rachmaninoff escribió el borrador de la sinfonía en menos de tres meses y dedicó otros dos a su orquestación, hasta completarla en el otoño de 1907. El propio compositor dirigió su estreno en San Petersburgo en enero del año siguiente, donde obtuvo un éxito rotundo.
La obra está estructurada en cuatro movimientos. El primero, Largo - Allegro moderato, comienza con una introducción lenta y sombría a cargo de violonchelos y contrabajos, antes de dar paso a un Allegro moderato de gran riqueza melódica y expresiva.
El segundo, Allegro molto, funciona como un scherzo rápido y enérgico, con pasajes brillantes y rítmicos que contrastan con secciones de carácter lírico.
El tercer movimiento, Adagio, es quizá el más célebre de la sinfonía. Su melodía, profundamente emotiva y lírica, se ha convertido en una de las páginas más reconocibles de la obra de Rachmaninoff.
El final, Allegro vivace, es un movimiento vigoroso, alegre y triunfal que corona la estructura de la sinfonía. Su apertura y tema principal evocan el ritmo de una tarantela napolitana, dando paso a un despliegue de energía y movimiento.
Le sigue una breve marcha y, después, una deliciosa melodía lenta a cargo de violines y violas en octavas al unísono. De manera inesperada, reaparece uno de los temas más emotivos del movimiento lento, antes de que el ritmo de tarantela regrese para conducir la obra hacia una conclusión alegre, brillante y estridente.
Así, el tercer concierto de la Temporada Sinfónica 2026 propone un recorrido que parte de la identidad caribeña de José Antonio Molina y atraviesa dos de las grandes obras del romanticismo europeo, en una noche que promete combinar tradición, virtuosismo y emoción.