La mortalidad infantil en EE. UU. alcanza su nivel más bajo, según datos preliminares

A pesar de la disminución, Estados Unidos sigue teniendo tasas de mortalidad infantil más altas que otros países desarrollados, lo que plantea preocupaciones sobre el acceso a la atención médica

Los deditos de los pies de un bebé asoman por debajo de una manta en un hospital de McAllen, Texas, el 29 de julio de 2020. (Fuente Externa)

La tasa de mortalidad infantil en Estados Unidos descendió en 2025 hasta el nivel más bajo registrado en la historia del país, de acuerdo con datos preliminares publicados por los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC), según un informe realizado por la agencia AP.

La agencia informó que durante el año se registraron menos de 5.4 muertes de bebés menores de un año por cada 1,000 nacidos vivos, una reducción frente a la tasa de 5.5 reportada en 2024 y de 5.6 observada en 2022 y 2023.

Aunque la diferencia parece pequeña, los investigadores señalan que se trata de una variación estadísticamente significativa que representa cientos de muertes infantiles menos cada año.

“Este es un dato alentador y esperamos que esta tendencia continúe”, afirmó el doctor Michael Warren, director médico de la organización March of Dimes.

De acuerdo con AP, la mortalidad infantil mide el número de bebés que fallecen antes de cumplir un año de edad. Para facilitar las comparaciones entre años, los expertos calculan la cantidad de muertes por cada 1,000 nacidos vivos.

Según los datos preliminares, en 2025 se registraron alrededor de 19,350 muertes infantiles en Estados Unidos. Aunque la cifra podría ajustarse una vez concluya la revisión final de los registros, se espera que permanezca por debajo de las aproximadamente 20,050 muertes contabilizadas en 2024 y de las 20,160 registradas en 2023.

Persisten diferencias con otros países desarrollados

La tasa de mortalidad infantil en Estados Unidos ha disminuido de forma sostenida durante las últimas décadas. Hace 30 años era de 7.5 muertes por cada 1,000 nacidos vivos, una mejora atribuida a avances médicos y programas de salud pública, informó AP.

Sin embargo, el país continúa mostrando peores resultados que otras naciones de altos ingresos.

Un estudio publicado el año pasado concluyó que la tasa de mortalidad infantil registrada en Estados Unidos en 2022 era casi el doble de la observada en países como Italia, Japón, España y Suecia.

Los especialistas atribuyen esa diferencia a factores como la pobreza, el acceso desigual a la atención médica y las deficiencias en los servicios prenatales.

Impacto de nuevas medidas contra el VRS

El aumento de la mortalidad infantil observado en 2022 fue vinculado por expertos a un repunte de las infecciones por virus sincitial respiratorio (VRS) y gripe.

Como respuesta, las autoridades sanitarias estadounidenses comenzaron a recomendar en 2023 dos medidas preventivas: una inyección de anticuerpos para recién nacidos y una vacuna contra el VRS para mujeres embarazadas entre las semanas 32 y 36 de gestación.

Especialistas consideran que estas estrategias pudieron contribuir a la reducción observada en los años siguientes.

Warren también señaló que la disminución de los casos de síndrome de muerte súbita del lactante podría estar relacionada con una mayor educación sobre prácticas seguras de sueño para los bebés.

Persisten brechas raciales y geográficas

Un análisis más detallado de los datos de 2024, publicado esta semana por los CDC, muestra que las tasas de mortalidad infantil continúan presentando diferencias significativas entre grupos raciales.

Las tasas registradas entre los bebés nacidos de mujeres negras fueron más del doble que las observadas entre hijos de mujeres hispanas, blancas y asiático-estadounidenses.

Los investigadores también identificaron una reducción en la mortalidad de los bebés nacidos a término, entre las semanas 39 y 40 de gestación.

A nivel estatal, Mississippi registró la tasa más alta de mortalidad infantil, con 9.65 muertes por cada 1,000 nacimientos, mientras que Nuevo Hampshire presentó la más baja, con menos de tres fallecimientos por cada 1,000 nacidos vivos.

“Estas diferencias reflejan una variedad de razones relacionadas con el acceso a la atención médica, factores comunitarios y políticas que mejoran la salud y los resultados”, indicó Warren.

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