El 11S, un brusco despertar que cambió el rumbo del mundo
Hasta que las Torres Gemelas de Nueva York se derrumbaron hace 25 años ante los ojos del mundo, Estados Unidos vivía la década más próspera de su historia
Los atentados del 11-S despertaron a Occidente del sueño de paz y prosperidad en el que vivía y derivaron en una guerra contra el terrorismo que contribuyó al declive de la hegemonía global de Estados Unidos y coincidió con la pujanza de China, hasta dar forma al mundo escéptico con el multilateralismo en el que vivimos hoy.
Hasta que las Torres Gemelas de Nueva York se derrumbaron hace 25 años ante los ojos del mundo, Estados Unidos —y parte de Occidente— vivían acunados en la década más próspera y pacífica de su historia.
Se trataba de un remanso posterior a la Guerra Fría en el que parecía que el crecimiento económico y el poder estadounidenses no tendrían límites, y que el mundo unipolar liderado por Washington definiría el siglo XXI.
Ese espejismo no se disipó de inmediato con los atentados del 11 de septiembre de 2001: "El apoyo global a Estados Unidos aumentó después del 11S", incluso en el mundo árabe, recordó a EFE la experta en seguridad internacional y politóloga estadounidense Stacie E. Goddard.
"Pero lo que vino después de los ataques —la guerra evitable en Irak, las violaciones de derechos humanos que acompañaron a la guerra global contra el terrorismo y la posterior retirada de Afganistán (en 2021)— socavaron indudablemente la posición de Estados Unidos y su promoción de un orden mundial liberal", recordó Goddard, profesora en el Wellesley College de Massachusetts.
La brújula moral rota
Aunque la invasión de Afganistán en 2001 contó con el apoyo de la OTAN, la guerra en Irak lanzada dos años más tarde por el Gobierno de George W. Bush (2001-2009) dividió a sus aliados, mayoritariamente escépticos con el argumento -que después se demostraría falso- de que el régimen de Sadam Hussein, a quien vinculó con los atentados y con Al Qaeda, contaba con armas de destrucción masiva.
Con las torturas en la cárcel iraquí de Abu Ghraib, los centros clandestinos de la CIA y la apertura de la prisión en la base naval de Guantánamo (Cuba), la Administración de Bush diseñó una política exterior centrada en afrontar "la recién descubierta vulnerabilidad de Estados Unidos, en detrimento de casi todo lo demás", afirmó a EFE Mathias Risse, profesor de asuntos globales y derechos humanos en la Universidad de Harvard.
"La Administración de Bush violó valores que Estados Unidos había intentado exportar a otros países durante décadas", recalcó Risse.
Esa pérdida de credibilidad global de Estados Unidos se disparó a mediados de la década de los 2000 y se contuvo con la histórica elección de Barack Obama en 2008.
Aun así, el fiasco estadounidense en Irak no concluyó con la retirada de las tropas en 2011; sino que contribuyó a la irrupción posterior del Estado Islámico (EI), que aterrorizó a Occidente y forzó a Washington y sus aliados a empantanarse de nuevo en Oriente Medio.
Hacia un mundo bipolar
En paralelo, China iba duplicando el tamaño de su economía cada ocho años entre 1979 y 2018.
Poco a poco daba pasos para superar su aislamiento histórico: el mismo año en que se produjo el 11S, en 2001, el gigante asiático entró en la Organización Mundial del Comercio (OMC) y creó junto a Rusia el foro multilateral Organización de Cooperación de Shanghái.
Su espectacular crecimiento e incipiente apertura comercial convirtieron pronto a China en la "fábrica del mundo", a medida que sus ambiciones territoriales y geoestratégicas iban aumentando y su influencia global se iba consolidando.
Mientras, Estados Unidos, distraído por la inestabilidad en Oriente Medio, dejó a medias el objetivo de "pivotar hacia Asia" que se había propuesto Obama en su segundo mandato, con el fin de aumentar su influencia en el Pacífico y los países vecinos de Pekín.
Trump y las lecciones olvidadas
El mundo bipolar actual —disputado entre Estados Unidos y China, y al que debe sumarse la resistencia militar de Rusia y la pujanza de otras potencias como la India— tampoco puede explicarse sin el ascenso al poder de Donald Trump en 2017 y su regreso en 2025.
Se trata de un fenómeno que, según algunos politólogos, es difícil entender sin remontarse a la "guerra contra el terrorismo" que tuvo su origen en el 11S.
"Sin esas 'guerras eternas' (en Irak y Afganistán), no creo que Donald Trump hubiera tenido el éxito político que ha tenido", opinó recientemente el historiador estadounidense Nathan Citino, de la Universidad de Rice, en la página web de esa institución de Texas.
Y aunque fue Trump quien sentenció la caótica retirada estadounidense de Afganistán tras un acuerdo con los talibanes, su promesa de poner fin al militarismo estadounidense en Oriente Medio no se ha mantenido en su segundo mandato, y su Gobierno ha vuelto a enfangarse, de la mano de Israel, en una impopular guerra contra Irán.
Más de dos tercios de los estadounidenses consideraban en una encuesta del Washington Post en julio que la batalla contra Irán "no merece la pena", un dato que supera los registrados por ese periódico sobre la impopularidad de la guerra de Irak cuando aún se combatía.
"Si tenemos en cuenta la guerra actual contra Irán, creo que no hemos aprendido la lección del 11S en lo que se refiere a los límites del poder militar", afirmó Citino.