Sondeo revela que el 78 % de ciudadanos del DN ha sido víctima de conducción agresiva de motoristas
La investigación también revela que un 73 % de los encuestados indicó sentirse inseguro cuando un motorista circula demasiado cerca de su vehículo
Movido aclara que no busca estigmatizar a los motociclistas, reconociendo que muchos utilizan este medio de transporte de manera responsable
La conducción agresiva de motoristas se ha convertido en una experiencia de tensión cotidiana para ciudadanos que se mueven en el Distrito Nacional.
Así lo revela un sondeo realizado por la Fundación Movilidad Vial Dominicana (Movido), para el cual fueron encuestadas 234 personas, y que establece que el 78 % de los participantes asegura haber vivido situaciones directas de agresividad vial protagonizadas por motoristas, en medio de un clima creciente de miedo e inseguridad en las calles de la capital.
La investigación, desarrollada en importantes corredores viales del Distrito Nacional, entre ellos las avenidas Núñez de Cáceres, Máximo Gómez, Abraham Lincoln, Winston Churchill, John F. Kennedy y 27 de Febrero, muestra un panorama muestra un panorama alarmante sobre el deterioro de la convivencia en las calles de la capital dominicana.
Violencia vial convertida en rutina
El informe sostiene que la conducción temeraria ha dejado de percibirse como un hecho aislado para convertirse en una realidad frecuente en el tránsito diario. Entre las situaciones más reportadas figuran el zigzagueo entre vehículos, la circulación demasiado cercana a otros automóviles y las confrontaciones intimidatorias.
El 73 % de los encuestados afirmó sentirse inseguro cuando un motorista circula demasiado cerca de su vehículo, especialmente en maniobras realizadas en puntos ciegos o entre carriles.
Además, el estudio revela que el miedo ya condiciona el comportamiento ciudadano. Un 69 % de los participantes dijo evitar reclamaciones o discusiones en las vías por temor a reacciones violentas, mientras que el 96 % aseguró sentir miedo, inseguridad o temor a represalias al desplazarse por las calles del Distrito Nacional.
El principal hallazgo del estudio indica que prácticamente toda la población consultada ha experimentado algún nivel de temor al desplazarse por las vías públicas. Para los investigadores, esta cifra evidencia que la intimidación vial ya no constituye hechos aislados, sino una realidad cotidiana para conductores y peatones.
“Este hallazgo coloca la violencia vial como una problemática de primer orden que requiere atención urgente por parte de las autoridades, los sectores del transporte y la sociedad civil”, señala el informe.
Las mujeres reportan mayor nivel de vulnerabilidad
La investigación también evidenció una marcada brecha de género en la percepción de inseguridad vial. El 86 % de las respuestas catalogadas como de “preocupación extrema” correspondió a mujeres, tanto conductoras como peatones.
Según Movido, este dato evidencia que las mujeres enfrentan mayores niveles de intimidación y vulnerabilidad en las vías públicas, convirtiendo la movilidad urbana en un tema relacionado también con seguridad y equidad de género.
Estrés, ansiedad y salud mental
Más allá del riesgo de accidentes, el estudio advierte sobre el impacto psicológico que genera la inseguridad vial. Un 64 % de los participantes manifestó sentir ansiedad o estrés durante las horas de mayor tránsito.
La investigación sostiene que este fenómeno afecta directamente la salud mental, la productividad y la calidad de vida de quienes diariamente deben movilizarse por las congestionadas vías del Distrito Nacional.
Percepción de impunidad
Otro de los puntos críticos identificados por Movido es la percepción de falta de fiscalización. El 58% de los encuestados considera que la ausencia de controles efectivos y sanciones ha contribuido al aumento de conductas temerarias en las calles.
Para la fundación, esta percepción fortalece una cultura de impunidad donde muchos conductores agresivos sienten que pueden actuar sin consecuencias.
Una crisis de convivencia vial
Las conclusiones del estudio describen el problema como una verdadera crisis de convivencia urbana. La fundación advierte que el miedo en las calles ya trasciende el ámbito del tránsito y se convierte en un problema de cohesión social y calidad de vida.
Además, el informe señala que la normalización de conductas agresivas, la falta de fiscalización y el impacto emocional sobre la población requieren respuestas urgentes de las autoridades, así como políticas públicas enfocadas en educación vial, regulación efectiva y protección de los usuarios de las vías.
Recomendaciones
Ante la gravedad de los hallazgos, la Fundación Movido plantea una serie de recomendaciones dirigidas a reducir la violencia vial y fortalecer la seguridad ciudadana en las calles del Distrito Nacional.
Entre ellas, propone reforzar la supervisión continua en las vías públicas, con especial atención a las conductas agresivas, el zigzagueo peligroso y las intimidaciones, además de aplicar sanciones efectivas y proporcionales contra quienes incurran en acciones temerarias.
Asimismo, recomienda modernizar los mecanismos de denuncia y seguimiento de incidentes viales para garantizar respuestas institucionales más rápidas y eficientes.
De igual manera, la Fundación Movido plantea la creación de espacios de diálogo entre los sectores del transporte, asociaciones de motociclistas y la ciudadanía, acompañados de campañas enfocadas en el respeto mutuo y la movilidad humana.
El informe también subraya la necesidad de incorporar una perspectiva de género en las políticas de seguridad vial, mediante acciones de protección dirigidas a mujeres conductoras y peatones, así como la capacitación de agentes de tránsito para atender de manera sensible situaciones de intimidación y violencia en las vías públicas.
Movido concluye que el Distrito Nacional enfrenta un desafío que involucra seguridad, salud pública y convivencia ciudadana, en momentos en que miles de personas aseguran sentirse vulnerables cada vez que salen a las calles.
Asimismo, la fundación aclaró que no busca "estigmatizar" a los motociclistas, reconociendo que muchos utilizan este medio de transporte de manera responsable y como sustento familiar. No obstante, insistió en que las conductas violentas o intimidatorias deben enfrentarse con educación, regulación y compromiso ciudadano para promover una cultura de respeto y paz vial.