El uso de cigarrillos electrónicos comienza mucho antes de que el adolescente tenga el dispositivo

Estudio exploratorio revela que estudiantes reconocen los riesgos de los cigarrillos electrónicos

Alejandro Abreu, presidente del Consejo Nacional de Drogas, , Dr. Bernardino Vitoy; la viceministra de Servicios Técnicos y Pedagógicos del Ministerio de Educación (MINERD), Dra. Ancell Scheker; y la directora de Enfermedades No Transmisibles del Ministerio de Salud Pública, Dra. Andelys De la Rosa. (Fuente externa)

El consumo de cigarrillos electrónicos entre adolescentes representa un desafío que va mucho más allá de retirar un dispositivo de las manos de un estudiante. La vulnerabilidad propia de la edad, la presión de grupo, el sentido de pertenencia, una oferta comercial diseñada para atraer a los jóvenes y la percepción de que estos productos representan un riesgo menor forman parte del camino que conduce al consumo.

Así lo expone el estudio exploratorioVapear no es un juego”, presentado durante un conversatorio sobre la protección de niños, adolescentes y jóvenes frente al consumo de cigarrillos electrónicos, en el que participaron representantes del Consejo Nacional de Drogas (CND), el Ministerio de Educación y el Ideice. 

Una de las conclusiones que más llamó la atención durante la presentación fue que conocer los riesgos no necesariamente lleva a los adolescentes a abandonar el consumo. El estudio encontró que, aunque los estudiantes tienen una percepción elevada sobre los daños asociados al vapeo, este conocimiento convive con una práctica que se ha ido normalizando.

La investigación fue realizada en 60 centros educativos de Barahona y Santo Domingo, con una población de 9,352 estudiantes: 4,800 correspondientes a Barahona y 4,552 a Santo Domingo.

Los estudiantes consultados identificaron como riesgos del vapeo los daños a la salud, particularmente a los pulmones y el corazón, además de posibles efectos sobre el aprendizaje y la exposición a sustancias perjudiciales.

Sin embargo, al contrastar esa percepción con los hábitos de consumo, los investigadores encontraron un elemento que calificaron como un “golpe de realidad”: los tutores registraron una mayor prevalencia de consumo que los propios estudiantes en ambas regiones.

La situación plantea un desafío para las estrategias de prevención, debido a que los adultos responsables transmiten a sus hijos un mensaje sobre los riesgos mientras, en determinados casos, mantienen conductas de consumo.

Para los investigadores, este comportamiento demuestra que el vapeo no puede abordarse únicamente desde la escuela ni mediante campañas dirigidas exclusivamente a los estudiantes. La prevención, plantearon, debe involucrar también a las familias y al entorno social.

Durante el encuentro también se puso sobre la mesa el papel de la industria y las estrategias de comercialización de estos productos. Colores, sabores, olores y diseños llamativos forman parte de una oferta que, según los participantes, contribuye a normalizar el consumo entre niños y adolescentes.

Los datos disponibles también evidencian que el fenómeno no es nuevo. Una de las graficas presentadas, basada en datos de 2016, muestra que entre los jóvenes de 13 a 15 años el consumo de cigarrillos electrónicos alcanzaba el 7.7 %, por encima del 7.4 % correspondiente al consumo actual de tabaco fumado.

Entre los varones jóvenes, el uso de cigarrillos electrónicos llegaba al 7.9 %, frente al 6.9 % entre las mujeres.

¿Qué están haciendo las autoridades?

Frente a este escenario, el sistema educativo informó que ha reforzado sus mecanismos para enfrentar la presencia de estos dispositivos en los centros escolares.

Katiuska Santana, técnica docente nacional de orientación y psicoligia del Minerd, explica que las normas ya establecen que la prohibición no se limita a los cigarrillos convencionales, sino que incluye los dispositivos electrónicos y vaporizadores. Pero, además de la prohibición, el sistema educativo ha apostado por la prevención y la psicoeducación.

Desde el año pasado, el Ministerio de Educación, junto con el Consejo Nacional de Drogas, desarrolla una campaña de prevención del uso de vaporizadores y dispositivos electrónicos en los centros educativos

El CND apuesta por detectar dónde comienza el problema

Desde el Consejo Nacional de Drogas se planteó que la respuesta debe construirse mediante alianzas con instituciones como el Ministerio de Educación, el Ministerio de Salud Pública y la Organización Panamericana de la Salud (OPS).

La comunicación social para mí no es solo una carrera, es una forma de darle voz a quienes no la tienen.