La falta de control emocional puede terminar en tragedia, advierte especialista
La especialista también cuestionó la disponibilidad al acceso a armas de fuego, calificándolo como un problema que agrava los episodios de violencia
La falta de control emocional y el manejo inadecuado de los conflictos pueden tener consecuencias devastadoras, así lo advirtió la psicóloga clínica Angelina Sosa, directora del Instituto de Salud Mental en Telepsicología
La especialista explicó que el caso de la muerte de una adolescente de 13 años a manos de su hermana, refleja cómo la pérdida de control de las emociones y el uso de la violencia como mecanismo para resolver disputas pueden provocar daños irreparables, tanto para quien comete el hecho como para terceros.
“Una vez tú cometes un hecho, ya tú no puedes darle para atrás a la vida”, expresó.
Agregó que este tipo de reacciones no solo se observan este caso, sino que ocurren en conflictos cotidianos.
“Lo vemos también en personas que, por un parqueo o porque les rayan un vehículo, tienen una reacción de impulso exacerbado y luego enfrentan consecuencias que están muy por encima del hecho que ocurrió”, dijo.
Sin embargo, señaló que la violencia no se justifica, y que, salvo en casos de trastornos mentales, las personas conservan la capacidad de autocontrol, aun en situaciones de alta carga emocional.
Sosa también cuestionó la disponibilidad al acceso a armas de fuego, calificándolo como un problema que agrava los episodios de violencia, y la normalización de la violencia en algunos escenarios.
“El acceso a las armas letales es un problema serio y debe ser controlado a nivel del Estado. La comunidad está acostumbrada a los hechos violentos y ve la violencia como un espectáculo”, añadió
Para Sosa, el caso pone en evidencia la negligencia del sistema de protección, al no existir una atención preventiva ante una situación de abuso.
Afirmó que no se trata de un hecho que afecte únicamente a una familia o a una comunidad específica, sino de un problema social que expone la fragilidad del sistema de protección y la falta de confianza en las instituciones.
Manejo y prevención
La psicóloga explicó que el manejo inadecuado de la ira es un factor determinante en hechos de violencia y que este proceso suele iniciar con la incapacidad de reconocer cómo se reacciona emocionalmente ante una situación de conflicto.
Indicó que el primer paso para manejar la ira es hacerse consciente de la propia reacción e identificar qué ocurre internamente cuando se presenta una situación que genera enojo.
A partir de ese reconocimiento, explicó, pueden trabajarse herramientas y técnicas individuales que ayuden a reducir la intensidad emocional antes de que se transforme en una conducta violenta.
Entre las estrategias mencionadas citó el “tiempo fuera” o la retirada, que consiste en alejarse físicamente del escenario de conflicto mientras la persona logra calmarse.
También destacó las técnicas de respiración y el uso de redes de contención emocional, como llamar a alguien de confianza cuya voz pueda ayudar a tranquilizar y frenar una reacción impulsiva.
"La ira está vinculada al proceso de pensamiento, ya que, en la medida en que una persona interpreta que una situación le causa daño, el cuerpo activa de forma automática un mecanismo de defensa.Desde el punto de vista neurológico, el sistema nervioso responde en función de lo que la persona está pensando, lo que genera una reacción física inmediata", afirmó.
Por esta razón, señaló que es fundamental aprender a reconocer las señales corporales de alerta, como palpitaciones, dificultad para respirar, agitación o deseos de golpear, a fin de aplicar a tiempo las técnicas que permitan evitar que la situación escale a mayor.
¿Pudo evitarse el desenlace?
Al referirse al momento del incidente, la especialista indicó que cuando una persona llega armada a un lugar, el escenario se convierte en un riesgo. Explicó que nadie puede intervenir de manera segura frente a una persona con un arma de fuego, incluso un agente policial, si no cuenta con la preparación adecuada.
“En un barrio, nadie se va a buscar un problema en contra de la misma gente, porque eso va a afectar al barrio directamente. Esa es una realidad. Eso es lo que nos habla de la violencia, de la visibilidad de la violencia como un fenómeno social natural y de la costumbre cultural de ver la violencia, así como de la idea de que en pleito de marido y mujer nadie se mete”, expresó.
La psicóloga también señaló que el comportamiento de la menor, quien según su hermana defendía a su pareja pese a la violencia ejercida, responde a lo que se conoce como un patrón psicológico frecuente en relaciones abusivas.
Llamado a romper el silencio
Sosa hizo un llamado a generar conciencia sobre el hecho de que la violencia no es normal, ni debe ser aceptada ni callada. Indicó que este tipo de situaciones puede presentarse en cualquier contexto social, sin distinción de nivel económico o educativo.
“Una situación de violencia no es normal, no debe ser aceptada ni callada. La única manera de salvar una vida y evitar hechos como este es denunciando o buscando redes de apoyo que puedan hacerlo”.
De acuerdo con Angelina Sosa, el caso de que la menor fallecida mantuviera una relación con un adulto, evidencia una situación de abuso infantil normalizada tanto en el entorno familiar como en la comunidad.
“¿Qué ha pasado con la comunidad y la familia para que esa relación aparente ser bien vista? Eso es un llamado de atención a la sociedad y a las autoridades. Cuando una niña es sujeto de abuso, ¿dónde están las autoridades, la sociedad y la familia que debió ser veedora ante ese tipo de situación?”, señaló.