El peligro invisible tras el humo: los tóxicos que se liberan al quemar plásticos

El humo causado por este incendio transporta una combinación de sustancias peligrosas que van mucho más allá de las simples cenizas

El reciente incendio en la fábrica de plásticos Katae, en Haina, ha vuelto a poner bajo el foco los riesgos ambientales y de salud relacionados a este tipo de sucesos. (Dare COllado)

El reciente incendio en la fábrica de plásticos Katae, en el municipio de Haina, ha vuelto a poner bajo el foco los riesgos ambientales y de salud que representan este tipo de siniestros. 

Mientras 85 bomberos luchaban por controlar las llamas originadas en el área de almacenamiento de resina, una densa columna de humo se hizo visible en todo el municipio, transportando un complejo "cóctel" de sustancias peligrosas que van mucho más allá de las simples cenizas.

Un "cóctel" dinámico de contaminantes

Cuando el plástico arde, el humo resultante no es una sustancia única, sino una mezcla dinámica de gases y partículas cuya composición cambia minuto a minuto según la temperatura y el tipo de material. Los expertos clasifican estas emisiones en varios grupos críticos:

  • Asfixiantes químicos: El principal es el monóxido de carbono (CO), que puede ser fatal al impedir el transporte de oxígeno en la sangre. En incendios de plásticos con nitrógeno (como el poliuretano de las espumas o el nylon), se libera además cianuro de hidrógeno (HCN), un asfixiante de acción rápida.
  • Gases irritantes y corrosivos: Si el material quemado es PVC, se libera predominantemente cloruro de hidrógeno (HCl), que al contacto con la humedad se convierte en ácido clorhídrico, causando dolor y edema pulmonar. También pueden aparecer óxidos de nitrógeno (NO2) y dióxido de azufre (SO2).
  • Vapores orgánicos y carcinógenos: La combustión incompleta genera compuestos como benceno, formaldehído y acroleína. Los plásticos aromáticos, como el poliestireno (PS) y el PET, tienden a producir grandes cantidades de hollín, además de hidrocarburos aromáticos policíclicos (PAHs), muchos de los cuales son carcinogénicos.

Dioxinas y metales: la amenaza persistente

Uno de los mayores peligros ocurre durante el enfriamiento del humo (entre los 200 y 450 °C), donde se pueden sintetizar dioxinas y furanos (PCDD/F). Estos son contaminantes orgánicos persistentes que no desaparecen fácilmente; se depositan en el suelo y la vegetación, pudiendo entrar en la cadena alimentaria a través de productos animales y lácteos.

Además, dependiendo de los aditivos y pigmentos del plástico, el humo puede transportar metales pesados como plomo (Pb), cadmio (Cd), antimonio (Sb) y zinc (Zn) dentro de las partículas finas (PM2.5). Estas partículas son lo suficientemente pequeñas para penetrar profundamente en los pulmones, transportando los tóxicos directamente al torrente sanguíneo.

Riesgos para la salud y recomendaciones

El riesgo para la población es doble. A corto plazo, la inhalación puede causar cefaleas, confusión, crisis asmáticas y lesiones pulmonares. A largo plazo, la exposición repetida al hollín y a compuestos persistentes se asocia con cáncer, alteraciones inmunes y daños neurológicos, especialmente en niños.

Ante eventos como el de Haina, las autoridades recomiendan a la comunidad permanecer en interiores, cerrar todas las aberturas y evitar que los niños jueguen en zonas donde se haya depositado ceniza o polvo del incendio, ya que estos residuos sólidos son vectores clave de contaminación por metales y dioxinas.

La limpieza de superficies debe hacerse con métodos húmedos para evitar resuspender las partículas tóxicas en el aire.

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