El servicio que pocos dejarían de pagar y la factura que más molesta

Un sondeo realizado por Diario Libre revela que el 66.7 % de los dominicanos no dejaría de pagar internet, considerándolo esencial para su vida diaria

Expertos analizan la resistencia al pago de servicios públicos y su impacto en el presupuesto familiar

Especialista revela que la mayor resistencia al pago de los servicios públicos responde a una combinación de factores culturales e institucionales. (ARCHIVO / DIARIO LIBRE)

Históricamente, los dominicanos tienen menos problemas para pagar servicios privados como la telefonía, pero les cuesta más, o hacen berrinches, para pagar servicios públicos como agua, luz, y basura. E inclusive prefieren pagar un servicio caro de transporte público, como carro público o motoconcho, antes de hacerse la idea de que el Metro es económicamente insostenible.

Investigadores entrevistados por Diario Libre entienden que no se trata solo del monto de la factura, sino según la confianza que tienen en quien los ofrece, la calidad que reciben y la utilidad inmediata que representa en su vida diaria. Mientras el internet se consolida como un gasto casi intocable, servicios públicos como la electricidad, el agua o la recogida de basura siguen generando resistencia, inconformidad y reclamos por su costo y funcionamiento.

Para muchos, el internet dejó de ser un lujo para convertirse en un servicio indispensable. En contraste, la electricidad continúa siendo el servicio que genera mayor inconformidad entre los ciudadanos, principalmente por el costo de la factura y la percepción de que la calidad no corresponde con lo que pagan.

Así lo revela un sondeo realizado por Diario Libre entre 15 residentes de distintos sectores de Santo Domingo Norte. De los consultados, 10 personas (66.7 %) afirmaron que no dejarían de pagar el internet, al considerarlo esencial para trabajar, estudiar o mantenerse comunicados con familiares y amigos.

En cambio, la electricidad concentró la mayor parte de las quejas. Siete entrevistados manifestaron inconformidad con el pago de la factura eléctrica al entender que el costo no corresponde con la calidad del servicio.

“Las facturas son abusivas”, expresó Rosaura Ortiz, quien indicó que en su hogar destina alrededor de RD$5,000 mensuales al pago de la electricidad, el agua y la recogida de basura.

María Gonzales aseguró que le molesta pagar la luz porque entiende que recibe un mal servicio, mientras que Jehyovanny Amador cuestionó las interrupciones del suministro eléctrico.

Otros consultados señalaron que, aunque les incomoda pagar algunos servicios públicos, no prescindirían del internet porque lo consideran esencial para trabajar o comunicarse.

El agua también fue considerada un servicio indispensable. Cuatro de los entrevistados afirmaron que nunca dejarían de pagarla por tratarse de una necesidad básica.

En materia de transporte, varios participantes señalaron que el motoconcho representa uno de los gastos que más impacta su presupuesto mensual, debido a que lo utilizan para completar sus desplazamientos diarios.

¿Por qué los servicios públicos generan mayor resistencia?

Para el antropólogo Aquiles Castro, la mayor resistencia al pago de los servicios públicos responde a una combinación de factores culturales e institucionales.

Explicó que una de las principales razones es la percepción de que los servicios ofrecidos por el Estado deberían ser gratuitos o tener un costo mínimo, una idea que, según afirmó, se ha transmitido de generación en generación.

A esto se suma, dijo, la inconformidad que generan las deficiencias en la prestación de algunos servicios públicos.

“La conducta histórica del Estado, la debilidad institucional y el concepto de que lo del Estado es de todo el mundo y tiene que ser gratis contribuyen a generar ese tipo de conducta en la ciudadanía”, sostuvo.

Castro añadió que, a diferencia de las instituciones públicas, las empresas privadas cuentan con mecanismos más efectivos para garantizar el pago de sus servicios.

“Cuando el servicio procede de un ente privado, el ciudadano sabe que si no paga se lo suspenden. En los servicios públicos muchas veces existen vías informales para evadir ese pago, y esa conducta se ha ido reproduciendo con el tiempo”, explicó.

Un problema con raíces históricas

La antropóloga Tahira Vargas considera que la resistencia al pago de servicios públicos también tiene un origen histórico.

Explicó que el cobro del agua comenzó a implementarse en la década de 1980 y se extendió con mayor fuerza durante los años noventa, mientras que el pago por la recogida de basura empezó a generalizarse entre finales de esa década e inicios de los años 2000.

A su juicio, la percepción ciudadana también está relacionada con la calidad de los servicios. Señaló que el suministro de agua continúa siendo irregular para gran parte de la población y que muchas familias han tenido que invertir recursos propios para suplir las deficiencias del Estado mediante cisternas, tinacos, inversores, plantas eléctricas y otras soluciones.

Existe un costo de esas soluciones individuales a los servicios que es mayor de lo que costaría si fueran suplidos desde el Estado, pero no hay garantías, a nivel nacional, de que el Estado los proveerá. Ese costo es mayor e invisible.Tahira Vargas.Antropóloga.

Para Vargas, esa realidad no ocurre con servicios privados como la telefonía o el internet, cuya prestación suele responder con mayor continuidad a las necesidades de los usuarios.

El peso de estos gastos en el presupuesto familiar

El economista Alejandro Grisanti explicó que los servicios públicos y las comunicaciones representan una parte importante del presupuesto de los hogares dominicanos.

Citó datos de la Encuesta Nacional de Gastos e Ingresos de los Hogares (Engih) 2018, del Banco Central, según los cuales las familias destinan el 16.5 % de su gasto de consumo al pago de servicios relacionados con la vivienda, como agua, electricidad, gas y otros combustibles, y a las comunicaciones.

De acuerdo con el especialista, este grupo de gastos constituye uno de los principales componentes del presupuesto familiar, solo por detrás de los alimentos y el transporte, lo que reduce la capacidad de los hogares para destinar recursos a otros bienes y servicios.

Sobre la prioridad que muchas personas otorgan al internet, Grisanti indicó que, aunque los hogares enfrentan presiones por el aumento en el costo de servicios básicos, continúan reservando parte de su presupuesto para las comunicaciones.

Explicó que, según la Engih 2018, las comunicaciones representan el 4.5 % del gasto de consumo de los hogares a nivel nacional y están presentes en todos los niveles de ingresos.

El economista atribuyó esta tendencia a que el internet dejó de ser un servicio asociado principalmente al entretenimiento y pasó a convertirse en una herramienta esencial para la educación, el trabajo, el acceso a información, los servicios financieros digitales y la realización de trámites públicos.

Añadió que organismos como la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) consideran la conectividad un elemento clave para la inclusión social y económica, lo que explica que muchas familias procuren mantener este gasto incluso cuando enfrentan restricciones presupuestarias.

Los resultados del sondeo reflejan un cambio en las prioridades de los hogares dominicanos. Mientras el internet se consolida como un servicio del que la mayoría no está dispuesta a prescindir, la electricidad, el agua y la recogida de basura continúan generando resistencia por factores históricos, culturales y por la percepción de que la calidad de estos servicios públicos no corresponde con el costo que asumen los ciudadanos.

 Periodista y locutora. Licenciada en Comunicación Social por la Universidad Dominicana O&M. Desde 2016 ha trabajado en diversos medios de comunicación, entre ellos El Pregonero y El Nuevo Diario.