Del impuesto al deshonor al Banquete Nacional
El desarrollo económico también depende de valorar socialmente a quienes emprenden y generan riqueza
Hace más de una década, el economista Don Boudreaux presentó lo que él denomina “impuesto al deshonor”. Boudreaux escribió un ensayo en defensa de las costumbres, o normas culturales, que han propiciado el desarrollo económico. Contrapuesto a ese ethos de dignidad vinculado con el desarrollo, se ubica el deshonor. Actividades de comercio, que conllevan innovación, que procuran un beneficio económico, han sido vistas con sospecha en las sociedades. Quienes se dedican a las labores de producir, emplear personas, obtener beneficios económicos sufren de un impuesto establecido por la sociedad; no un pago en dinero, pero sí una forma de mirarlos y tratarlos de manera diferente.
Boudreaux desarrolló su idea a partir del conjunto de estudios de Deirdre McCloskey sobre las costumbres que estuvieron detrás del cambio material experimentado por la humanidad desde el siglo XVII. Cambio económico que tiene mucho de explicación en ese tratamiento digno hacia el comerciante. Históricamente, en los lugares donde disminuye el apego de la gente hacia la burocracia, la aristocracia, la milicia, o el clero, florecen las actividades que llevan al desarrollo material. Es la contraposición entre innovación e intercambios voluntarios y pacíficos, y recurrir a actividades relacionadas con el uso del poder y el fisco.
Cuando el impuesto disminuye, quienes se dedican a la industria y al comercio son vistos con dignidad, y son protegidos de la intervención del Estado. Las leyes y las instituciones formales pasan a ser pensadas para proteger a quienes se han ganado la admiración moral por su contribución social. A partir de ese cambio, florece el desarrollo material. Es a la conclusión a la que es posible llegar a partir de las ideas de McCloskey y Boudreaux.
Ambos economistas entienden la importancia de las instituciones. De las instituciones que contribuyen a moldear el crecimiento económico. Sin embargo, el crecimiento depende mucho del prestigio moral que adquieren quienes producen, comercian e innovan. Negocios, o negociantes lícitos, sin protección y sin privilegios, todavía suelen ser vistos con sospecha. Ese impuesto al deshonor continúa limitando el progreso material.
Pensamos que todavía existen elementos de un ethos relacionado con el poder, una tradición histórica que pesa mucho. En Cartas a Evelina, Francisco Moscoso Puello señaló elementos de una cultura relacionada con el poder, y no con el emprendimiento. Citamos: “No hay más que dos medios dignos de ganarse la vida: o empleados del gobierno o en la oposición. El comercio es para el extranjero, y la industria también, porque no pueden ser políticos.”
La sociedad dominicana ha evolucionado desde 1913, cuando fueron publicadas las primeras cartas escritas por Francisco Moscoso Puello a esa mujer imaginaria con quien compartió sus reflexiones. Económicamente es un país diferente. Sin embargo, aun con el pasar del tiempo, el análisis social de Moscoso Puello tiene vigencia. La sociedad no ha perdido su relación con el poder, con la política y con el erario.
El sector público es fuerte en materia regulatoria, financiera y, también, en las narrativas. La ideología del poder político pesa mucho en la vida social del país.
Para McCloskey, “La ideología podría no tener que cambiar en un mundo en el que la política no importe, o en el que los políticos sigan sin cuestionar los consejos de (la clase correcta de) economistas. Pero en nuestro mundo es mejor que la ideología cambie, o de lo contrario las políticas de carácter material [...] no se mantendrán.”
En nuestro mundo, en el ámbito dominicano, la ideología, la forma de hacer políticas públicas, debe evolucionar.
Las líneas citadas de McCloskey, y la idea del “impuesto al honor” de Boudreaux, pertenecen a ensayos del coloquio escrito en el que ambos intercambiaron puntos de vista con John Nye y el Premio Nobel de Economía Joel Mokyr. El intercambio de ideas sobre costumbres, cultura, instituciones y desarrollo fue publicado por el Liberty Fund en julio de 2014, y se encuentra en línea.
A principios de siglo, Moscoso Puello observó el matrimonio entre ideología y poder político en nuestra sociedad. Poder, oportunismo político, gasto público y una gran parte de la ciudadanía mantienen una estrecha dependencia histórica. En su Carta 3, Moscoso Puello escribió: “Al presupuesto se le dice la gran mesa del Banquete Nacional, y allí esperamos todos tener un cubierto.”
Desde el año 2019 hemos calculado, y publicado en diferentes ocasiones, que más de la mitad de los dominicanos dependen del Estado dominicano, ya sea por medio de transferencias mensuales, empleos o pensiones. A 113 años de la publicación de la primera de sus cartas, las reflexiones del doctor Moscoso Puello siguen teniendo vigencia. Infortunadamente.
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Una colaboración del Centro Regional de Estrategias Económicas Sostenibles (Crees).
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