La derrota electoral laborista eleva la presión sobre Starmer, que busca salvar su cargo

Con el escrutinio casi al completo, los laboristas han perdido más de 1,400 concejales en toda Inglaterra

El primer ministro británico, Keir Starmer (izquierda), y su esposa Victoria (derecha) salen de un colegio electoral en Londres, Reino Unido. (EFE/EPA/NEIL HALL)

La contundente derrota del Partido Laborista en las elecciones locales y regionales celebradas el jueves en Reino Unido ha elevado la presión sobre el primer ministro británico, Keir Starmer, que busca armar un plan contra reloj para salvar su cargo, mientras voces internas piden su dimisión.

Con el escrutinio casi al completo, los laboristas han perdido más de 1,400 concejales en toda Inglaterra y en feudos históricos como Gales, donde habían gobernado los últimos 27 años, han pasado a ser la tercera fuerza política, por detrás de los independentistas galeses de Plaid Cymru y la derecha populista de Reform UK.

En Escocia, pese a haber mantenido la segunda posición en porcentaje de voto, los laboristas han bajado cuatro escaños y han empatado en asientos con Reform UK.

Como resultado, la que hasta ahora era ministra principal de Gales, Eluned Morgan, anunció el viernes su dimisión como líder del partido en la región. Por su parte, Anas Sarwar, que encabeza el laborismo en Escocia, perdió también su asiento en el Parlamento de Edimburgo.

Aunque los comicios eran a nivel local y regional, sus resultados se miden y se analizan en clave nacional, casi un plebiscito a la continuidad al frente del Gobierno británico de Starmer.

A pesar a haber ganado las elecciones generales de julio de 2024, en menos de dos años Starmer ha acumulado gran impopularidad entre la población.

Este descontento social lo ha capitalizado principalmente el Reform UK de Nigel Farage, que ha ganado más de 1,400 concejales en Inglaterra y ha irrumpido con fuerza en los Parlamentos de Gales y Escocia, con 34 y 17 escaños, respectivamente. ¿Su eslogan para la campaña electoral? 'Vota Reform. Saquemos a Starmer'.

Un plan de reestructuración

El primer ministro británico reiteró este sábado en un encuentro con medios de comunicación en Londres que si bien los resultados electorales eran "muy duros", no tenía intención de abandonar su cargo "sumiendo al país en el caos" y prefería volver a ganarse la confianza de los electores con una nueva hoja de ruta para el resto de la legislatura.

"Creo que tenemos que establecer el camino a seguir. Es lo que pretendo hacer en los próximos días. Cómo reestructuramos, cómo devolvemos a la gente la esperanza en el futuro. Porque no lo hemos hecho lo suficiente", aseguró.

En un artículo en 'The Guardian', Starmer también asumió en primera persona los "errores innecesarios" cometidos por su Gobierno durante su tiempo al frente del país. Entre las decisiones más criticadas, sus recortes de ayudas a los pensionistas o el nombramiento del exministro Peter Mandelson, con vínculos con el pedófilo Jeffrey Epstein, como embajador en Washington.

Otra de las bazas de Starmer es su política de acercamiento con la Unión Europea cuando se cumplen casi diez años del referéndum del Brexit, con acuerdos comerciales, de seguridad y de defensa; o con la vuelta británica al programa de intercambio Erasmus+ en 2027.

Como primer movimiento de esta reestructuración, nombró hoy al ex primer ministro británico Gordon Brown (2007-2010) como su nuevo enviado especial para Finanzas y Cooperación Global, así como a la exvicepresidenta del Partido Laborista Harriet Harman como su asesora en temas relacionados con la mujer.

El nombramiento de ambas figuras, con gran veteranía y respeto en el seno del partido laborista, se podría interpretar como una estrategia 'in extremis' de Starmer para tratar de reforzar su autoridad a nivel interno, mientras entre sus filas crecen las voces que opinan que debería dimitir como líder o, al menos, planificar su salida de Downing Street.

Una "transición ordenada"

La última en pronunciarse ha sido la diputada laborista Catherine West, que aseguró este sábado en la red social X que el partido requiere un nuevo liderazgo para cumplir con sus promesas de cambio: "Sé que hablo por más personas al desear que (Starmer) dé un paso al lado como nuestro líder".

Poco después, otro diputado de la formación, Tony Vaughan, opinó que el partido ha quedado "maniatado" por los errores de Starmer y abogó por llevar a cabo una "transición ordenada" hacia un nuevo líder de partido con "visión clara, convicción y capacidad de inspirar" para tener opciones en las próximas citas electorales.

El principal problema es que, a día de hoy, no hay un claro reemplazo para Starmer, ni en el 10 de Downing Street ni al frente de los laboristas.

Entre los nombres que más suenan está el del ministro de Sanidad, Wes Streeting; el del alcalde de Mánchester, Andy Burnham -aunque tendría que conseguir primero un escaño parlamentario-; o el de la ex vice primera ministra Angela Rayner, que fue 'número dos' de Starmer y dimitió en septiembre tras un escándalo de impuestos por su vivienda.

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