De mayo del 68 a octubre de 2026: Francia vuelve a las barricadas
Las protestas contra el costo de la vida y las deficiencias educativas reviven episodios de violencia que marcaron la historia francesa. La extensión de los disturbios, la participación juvenil y los ataques a instituciones públicas plantean una pregunta: ¿está Francia ante su revuelta más violenta de las últimas décadas?
Francia tiene una larga historia de rebeliones populares que han puesto en jaque a sus gobiernos. Desde las barricadas estudiantiles de mayo de 1968 hasta los disturbios de los suburbios en 2005, la rebelión de los chalecos amarillos en 2018 y la violencia desatada tras la muerte del adolescente Nahel en 2023, el país ha vivido estallidos sociales que dejaron miles de detenidos, graves enfrentamientos con la policía y profundas consecuencias políticas.
En mayo de 1968, una protesta estudiantil terminó convirtiéndose en una huelga general de millones de trabajadores que paralizó Francia y sacudió al Gobierno de Charles de Gaulle. En 2005, la muerte de dos adolescentes que huían de la policía desencadenó tres semanas de disturbios en barrios periféricos. Trece años después, los chalecos amarillos protagonizaron una rebelión contra el encarecimiento de los combustibles y la pérdida del poder adquisitivo, mientras que en 2023 el fallecimiento de Nahel, de 17 años, por un disparo policial provocó una nueva ola de violencia urbana.
- Ahora, en octubre de 2026, Francia vuelve a enfrentarse a manifestaciones multitudinarias, enfrentamientos con las fuerzas de seguridad, saqueos y ataques contra edificios públicos.
Las protestas, inicialmente vinculadas al deterioro del poder adquisitivo y a las condiciones educativas, han desembocado en una crisis que obliga al presidente Emmanuel Macron a responder a demandas sociales diversas mientras intenta contener los disturbios.
La comparación con aquellos antecedentes es inevitable. Sin embargo, la intensidad de los enfrentamientos actuales no basta para concluir que se trata de las protestas más violentas de la historia moderna francesa. Para establecerlo habría que comparar las víctimas, los heridos, las detenciones, los daños materiales, la duración de los disturbios y su extensión territorial, con criterios equivalentes.
Una protesta de múltiples causas
Según Le Monde, las movilizaciones del 17 de octubre pretendían reunir a estudiantes de secundaria, universitarios, sindicatos, trabajadores y antiguos participantes del movimiento de los chalecos amarillos. El objetivo era construir una protesta común contra el costo de la vida y el deterioro de los servicios públicos. Sin embargo, la convocatoria terminó fragmentándose entre marchas pacíficas y grupos autónomos que protagonizaron enfrentamientos con la policía.
La jornada reunió a 550,000 manifestantes, según el Ministerio del Interior, y 800,000, de acuerdo con los organizadores. Las autoridades denunciaron ataques a instituciones públicas, entre ellos el incendio del Ayuntamiento de Limoges, daños en dependencias municipales de Marsella y destrozos en la residencia del prefecto de Burdeos.
Una diferencia importante respecto de los disturbios de 2005 y 2023 es la composición de las movilizaciones. Mientras aquellos episodios estuvieron estrechamente vinculados con la relación entre la policía y los jóvenes de barrios populares, las protestas actuales combinan reivindicaciones económicas, educativas y políticas, con participantes de distintas generaciones y sectores sociales.
También destaca la ausencia de una dirección única. Le Monde documentó cómo numerosos grupos se desplazaban por París siguiendo convocatorias difundidas en redes sociales, sin integrarse necesariamente en las manifestaciones autorizadas. Esa dispersión complicó la intervención policial y permitió que se produjeran disturbios simultáneos en diferentes sectores de la capital.
El antecedente de los chalecos amarillos
La comparación más cercana es la revuelta de 2018. Aquel movimiento nació como rechazo al aumento de los impuestos sobre los combustibles, pero pronto incorporó demandas relacionadas con los salarios, los impuestos y la representación política. Durante una de sus jornadas más violentas, el 1 de diciembre de 2018, París sufrió graves destrozos, incluidos daños en el Arco del Triunfo.
El diario francés Le Monde considera que los enfrentamientos del 17 de octubre de 2026 son comparables, por su intensidad, con los episodios más graves de los chalecos amarillos. No obstante, todavía es prematuro determinar si la violencia actual los supera en términos acumulados de víctimas, detenciones y destrucción.
La nueva oleada de protestas se produce cuando Francia se aproxima a las elecciones presidenciales de 2027 y Macron enfrenta el desgaste de casi una década en el poder.En un análisis publicado este lunes, Le Monde vincula la crisis con la transformación del sistema político francés desde 2017, el debilitamiento de los partidos tradicionales y la creciente polarización. El periódico señala que la movilización reunió a sectores sociales con preocupaciones compartidas, pero sin objetivos políticos necesariamente coincidentes. Macron condenó el domingo los ataques contra edificios públicos y comercios, pero reconoció que los manifestantes pacíficos expresaban reivindicaciones legítimas. Su respuesta combinó la defensa del orden público con un llamado al diálogo, aunque, según Le Monde, no presentó soluciones concretas a las principales demandas económicas y educativas. Las protestas de octubre no pueden calificarse todavía como las más violentas de la historia moderna francesa. Su particularidad radica en la coincidencia de un descontento económico extendido, una movilización juvenil persistente, el retorno de participantes de los chalecos amarillos y grupos violentos que han atacado símbolos de la autoridad republicana.La historia francesa demuestra que las grandes revueltas no siempre comienzan con una demanda de cambio político. En 1968, una protesta universitaria terminó paralizando el país; en 2018, un impuesto sobre los combustibles desencadenó una crisis nacional. En octubre de 2026, el costo de la vida y las condiciones educativas han vuelto a reunir descontentos diferentes, aunque todavía se desconoce la duración y el alcance político que tendrá esta movilización.