El último cartucho

Odiseos modernos, líderes que desafían la edad para volver al poder

En política casi nadie se jubila. Se abandona el poder cuando las urnas lo arrebatan o el cuerpo ya no responde, pero rara vez por voluntad propia. Mientras quede un cartucho de vida, muchos lo disparan en busca de un último mandato. Lula, a los 80 años, vuelve a intentarlo en Brasil. Donald Trump ganó la Casa Blanca con 80. Ronald Reagan dejó el poder a los 77. Winston Churchill volvió a Downing Street cuando ya muchos lo creían una figura del pasado. Charles de Gaulle reapareció para fundar una nueva República. La historia está llena de émulos de Odiseo que desafiaron el calendario para retornar al poder.

Es más que ambición. El solio presidencial ejerce una atracción difícil de explicar para quien lo ha conocido. Crea la convicción -a veces sincera, a veces ilusoria- de que aún queda una misión por cumplir. La edad deja de medirse en años y comienza a contarse en posibilidades.

Por eso resulta curioso que algunos pretendan fijar límites que la propia naturaleza no impone. Descartar porque ya se estuvo varias veces en la presidencia y llegó la hora de apartarse. Si una persona conserva lucidez, energía y capacidad para persuadir, ¿por qué impedirle competir? En una democracia, el verdadero filtro no es la partida de nacimiento, sino la voluntad popular.

Existe un poder que supera al del cargo, al del dinero y al de las élites: el del ciudadano frente a la urna. Ese veredicto concede o niega el mandato con una legitimidad que ninguna ley de retiro obligatorio podría igualar.

La política no necesita calendarios biológicos. Necesita elecciones libres. Si el pueblo considera que llegó la hora del relevo, lo dirá con su voto. Y si cree que aún queda un último cartucho por disparar, también. 

Aníbal de Castro carga con décadas de periodismo en la radio, televisión y prensa escrita. Toma una pausa en la diplomacia y vuelve a su profesión original en DL.