Presa de Monte Grande: llena de agua, de vacíos y deuda social con los suroestanos

La deuda histórica con las provincias de Barahona, Bahoruco e Independencia no inicia su proceso de saldo definitivo hasta que el agua almacenada en el embalse llegue a los hogares y a las parcelas

Monte Grande es una obra magna que nació incompleta y postergada. (Archivo/Diario Libre)

La majestuosa estructura de la Presa de Monte Grande se erige hoy sobre el cauce del río Yaque del Sur como un símbolo ambivalente de progreso técnico frente al estancamiento humano más profundo, y aunque los muros de contención ya retienen millones de metros cúbicos de agua, la realidad cotidiana para miles de familias suroestanas permanece marcada por promesas incumplidas y una espera que parece no tener un final cercano en el horizonte dominicano.

El proyecto que fue vendido durante décadas como la solución definitiva para el desarrollo agroindustrial de la región Suroeste presenta actualmente gran brecha que impide su aprovechamiento real por parte de las comunidades locales, porque mientras el embalse se llena paulatinamente, los canales de riego necesarios para transformar las tierras áridas en zonas productivas brillan por su ausencia, dejando a los agricultores de Barahona, Bahoruco e Independencia en un estado de incertidumbre total, y en una espera que aguardan con optimismo. 

Esta deuda social se manifiesta con especial crudeza en los asentamientos humanos que fueron desplazados para dar paso a la infraestructura, donde la falta de servicios básicos contradice el discurso oficial de modernidad, en tanto la frustración colectiva crece proporcionalmente al volumen de agua almacenada, pues los beneficios económicos prometidos siguen siendo una ilusión distante para quienes sacrificaron su entorno natural con la esperanza de alcanzar una vida digna y próspera en su propia tierra.

Promesas diluidas en el tiempo

Mi estimado colega y comprovinciano Tomas Aquino Méndez, un activista social y comunitario, como el suscrito, en su columna dominical que publica en un prestigioso medio, informó del "cumpleaños" que organizan las fuerzas vivas de la región Enriquillo, lo que pone de relieve la profunda decepción que actualmente atraviesa el Suroeste. Esta festividad satírica no busca celebrar un logro, sino denunciar que han transcurrido dos años desde que el presidente Luis Abinader prometió iniciar las licitaciones para las obras complementarias indispensables para el funcionamiento real del complejo.

Dos años después de aquel enero del 2024, la esperanza sembrada en los residentes de la subregión Enriquillo parecen sepultadas, o ahogadas en las aguas del embalse debido a que la funcionalidad operativa de esta estructura no cumple su cometido con la construcción del embalse, ni mucho menos garantiza el desarrollo humano esperado, pues la ausencia de canales de riego mantiene improductivas unas setecientas mil tareas de tierra que esperan por el preciado líquido.

Los dirigentes campesinos y sociales cuestionan con vehemencia por qué el proceso de contratación para estas infraestructuras vitales se ha convertido en la licitación más larga de la presente gestión gubernamental, mientras los equipos para generar energía hidroeléctrica siguen ausentes, los residentes de la cuenca baja del río Yaque del Sur ven cómo el agua se acumula sin transformar su precaria realidad económica, social y productiva de forma tangible.

Un ciclo histórico de postergaciones

La construcción de este megaproyecto hidráulico constituye una odisea que ha sobrevivido a cuatro administraciones gubernamentales, acumulando retrasos técnicos y financieros que han puesto a prueba la paciencia del pueblo, que desde aquel primer picazo simbólico del presidente Leonel Fernández en el 2010, la obra ha enfrentado crisis de financiamiento internacional y constantes reestructuraciones contractuales que elevaron su presupuesto inicial de forma considerable y sumamente alarmante para el erario.

Monte Grande se proyecta como la infraestructura hídrica más importante del Caribe, y la región la ha bautizado como el anhelado "Metro del Sur", que sigue siendo una meta incompleta que requiere mucho más que la inauguración formal de un muro de contención de cincuenta y cinco metros de altura, en tanto la deuda histórica con las provincias de Barahona, Bahoruco e Independencia no inicia su proceso de saldo hasta que el agua almacenada llegue a los hogares y a las parcelas que hoy se ven desérticas. 

La redención del Suroeste

La convocatoria la singular celebración de "dos años de atraso" representa el último recurso de una sociedad civil que se niega a permitir que el proyecto muera en la desidia, por lo que los suroestanos esperan que esta presión social logre sensibilizar a las autoridades competentes, y se transforme en el anuncio oficial de la licitación tan esperada por todos los sectores de la región Enriquillo.

El futuro de la región Enriquillo depende directamente de que Monte Grande cumpla su función multipropósito, integrando la generación de trece megavatios de energía limpia y el suministro de agua potable garantizado. Solo mediante la integración de estos componentes técnicos se podrá hablar de una verdadera soberanía hídrica que supere el ciclo de pobreza endémica, y migración forzada que ha desangrado históricamente las provincias fronterizas.

A pesar de los vacíos y las frustraciones acumuladas durante décadas de espera, la esperanza se mantiene viva entre los hombres y mujeres que labran la tierra bajo el sol sureño. La conclusión definitiva de estas obras complementarias marcará el inicio de una nueva era de prosperidad, donde el agua del Yaque del Sur deje de ser un motivo de angustia para convertirse en el motor del progreso regional.