Cuando la pobreza también discrimina (Clase 22)

Constitución y escuela: claves para romper la discriminación social

Educar en el Artículo 39 es combatir la desigualdad desde el aula. (Fuente externa)

Hay discriminaciones que no siempre se nombran, pero se sienten. No se anuncian en voz alta, pero organizan silenciosamente las jerarquías del aula, del barrio y del país. Esta semana, en la Clase 22 de Constitución Viva para Todos y Todas, abordamos una de las más invisibles y persistentes: la discriminación por pobreza, por color o por el lugar donde se nace.

Comenzamos leyendo en voz alta el Artículo 39 de la Constitución: “Todas las personas nacen libres e iguales ante la ley…”. Luego hicimos una pausa. Y pregunté: ¿ser del barrio equivocado cambia la forma en que otros nos miran? El silencio inicial fue más elocuente que cualquier respuesta. Después llegaron las historias.

Un estudiante dijo que a veces no lo invitan a ciertos espacios “porque creen que uno es problemático”. Otra confesó que ha sentido vergüenza de decir dónde vive. Y alguien más expresó algo que me marcó: “Profe, la pobreza no solo limita, también etiqueta”.

Ahí comprendimos que la desigualdad no es solo económica; es cultural y simbólica.

El Artículo 39 no distingue entre pobreza o riqueza, centro o periferia, apellido conocido o desconocido. Prohíbe la discriminación por condición social. Esa frase —condición social— es una de las más poderosas del texto constitucional, porque reconoce que el origen no puede convertirse en destino obligatorio.

Según datos de la CEPAL, América Latina sigue siendo una de las regiones más desiguales del mundo, no solo en ingresos, sino en oportunidades educativas y movilidad social. En República Dominicana, las brechas territoriales siguen marcando diferencias en acceso a servicios públicos de calidad. Cuando la escuela reproduce esas brechas, la desigualdad se perpetúa; cuando las cuestiona, la democracia se fortalece.

Proyectamos fragmentos de la película Talentos Ocultos. Tres mujeres afroamericanas, brillantes matemáticas, enfrentando barreras estructurales en la NASA de los años sesenta. No era una lección de historia; era una metáfora vigente. El talento existe en todos los barrios. Lo que no siempre existe es la oportunidad.

Les pedí que reflexionaran en grupos sobre una frase: “Talentos que no se ven, derechos que no se cumplen”. La dinámica reveló algo poderoso: muchos reconocieron que en sus propios cursos hay compañeros subestimados por su forma de hablar, por su apariencia o por su situación económica. Y alguien afirmó: “A veces nosotros mismos invisibilizamos a los demás”.

La discriminación por pobreza sigue marcando silenciosamente las jerarquías sociales. Por (Fuente externa)
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La dignidad no depende del barrio donde se nace. Por (Fuente externa)

Ese reconocimiento es el primer paso hacia la transformación.

La pobreza no puede convertirse en una categoría moral. No es falta de valor, es falta de oportunidades. Y el Estado Social y Democrático de Derecho —definido en el Artículo 7 de nuestra Constitución— tiene como función esencial garantizar condiciones que permitan igualdad real y efectiva. No basta con declarar igualdad formal; hay que producir igualdad sustantiva.

Educar en este principio no es ideología. Es constitucionalismo práctico. Es entender que cuando un estudiante es discriminado por su barrio, la Constitución está siendo vulnerada en silencio. Y cuando la escuela interviene para corregir esa práctica, está fortaleciendo la institucionalidad desde su raíz.

Al final de la clase, una joven dijo algo que resume la jornada: “Si yo conozco mis derechos, ya no me siento menos”. Esa frase revela el verdadero sentido de la educación constitucional. Conocer la norma cambia la percepción de uno mismo. Y cambiar la percepción es el inicio de cambiar la realidad.

Un país que discrimina por pobreza fragmenta su cohesión social. Un país que reconoce talento donde otros ven carencia construye futuro. Un país que aplica el Artículo 39 en el aula está sembrando justicia. La Constitución no pregunta de qué barrio vienes.

Pregunta si tu dignidad ha sido respetada. Y la dignidad no admite descuentos..

Defensor del Pueblo de la República Dominicana.