Más allá de CARICOM: un Caribe que estamos subestimando

Una nueva mirada estratégica hacia los vecinos de ultramar

Hay un enorme potencial económico desaprovechado de los territorios de ultramar en el Caribe, como las islas neerlandesas y británicas. (Fuente externa)

Cuando hablamos del Caribe, con frecuencia reducimos la conversación a los países que conforman la Comunidad del Caribe (CARICOM). Sin embargo, existe otro conjunto de islas con las que mantenemos vínculos históricos, comerciales y humanos que aún no aprovechamos plenamente: los territorios de ultramar.

Esta semana participé en un foro entre la Unión Europea y sus territorios y países de ultramar. En el Caribe, estos incluyen el Caribe neerlandés, compuesto por los países Aruba, Curazao y Sint Maarten, así como los municipios especiales de los Países Bajos en la región: Bonaire, Saba y San Eustaquio, además de San Barth. En este encuentro se habló de grandes infraestructuras y empresas innovadoras que presentaran oportunidades también para sus vecinos. Más allá de su estatus político, lo relevante es su perfil económico: son mercados pequeños en población, pero con alto poder adquisitivo, fuerte actividad turística y una agenda activa de inversión.

Las cifras lo dejan claro. El Caribe holandés representa más de 7,000 millones de dólares anuales en importaciones de bienes y servicios. Con apenas unos 300,000 habitantes, reciben más de tres millones de turistas al año y tienen un ingreso per cápita promedio superior a los 33,000 dólares. A esto se suman los territorios británicos del Caribe, que importan unos 6,000 millones adicionales, con 245,000 habitantes, 4.5 millones de visitantes y un ingreso per cápita cercano a los 47,000 dólares. Frente a este potencial, las exportaciones dominicanas son apenas unos 60 millones de dólares anuales.

Excusas pasadas no son tales. La conectividad con varias de estas islas existe, tanto aérea como marítima. Tampoco es un problema de distancia cultural. En lugares como Aruba y Curazao, el español es ampliamente hablado y los productos y la música dominicana son parte del consumo cotidiano. Incluso contamos con una diáspora relevante en algunos de estos territorios.

En el sector servicios, por ejemplo, muchos de los turistas de salud que utilizan nuestros hospitales provienen de estas islas. Este flujo ha impulsado la inversión en infraestructura médica, equipamiento moderno y certificaciones internacionales, generando beneficios que también alcanzan a los pacientes dominicanos. Aun así, el potencial de crecimiento en este sector es mucho mayor.

En bienes, también se observan avances. En Aruba, me reportan una presencia creciente de productos dominicanos en los supermercados, impulsada en parte por la participación de compradores de estas islas en rondas de negocios organizadas por Prodominicana. Sin embargo, uno de los principales obstáculos sigue siendo la dependencia de intermediarios, que no siempre garantizan consistencia ni permanencia en el mercado.

Es momento de dar un paso más estratégico. Los exportadores dominicanos deben buscar una presencia más directa en estos mercados, fortalecer relaciones comerciales sostenidas y reducir la dependencia de terceros. Igualmente, es clave agilizar los acuerdos fitosanitarios que aún limitan la entrada de productos como huevos y carnes.

Pero, sobre todo, necesitamos cambiar la forma en que vemos estos mercados. No son solo destinos de exportación. Son aliados potenciales para acceder a terceros mercados, territorios con vínculos directos a Europa, con acceso a financiamiento, capacidades de innovación y una dinámica económica que puede complementar la nuestra.

Este Caribe necesita una mirada diferente que permita acortar la brecha y aprovechar más las oportunidades de negocios, de alianzas, de inversiones en tantos sectores potenciales.

Facilitadora comercio y exportacion, experta exportación de servicios y Caribe.