La terrible pérdida de Jesús de Miguel Alameda y la asunción del riesgo deportivo

¿Homicidio involuntario o lance del juego? El análisis jurídico tras la tragedia en el fútbol

Tragedia en la cancha: los límites entre la falta deportiva y la responsabilidad penal. (wikki commons)

El fútbol está de luto con la pérdida de Jesús de Miguel Alameda, delantero del Club Deportivo Tenerife, quien falleció tras chocar con el portero del Fútbol Club Andorra, Jesús Owono, en un balón dividido durante un partido. Owono fue expulsado. Desde entonces, en las redes sociales se repite una misma interrogante: si el portero debe ser perseguido penalmente por homicidio involuntario. Salvo mejor opinión, la respuesta es no. Lo ocurrido en esa cancha, por doloroso que sea, no es materia de la jurisdicción penal.

Hace diez años dedicamos nuestra tesis de grado a la asunción del riesgo en el deporte profesional, proceso en el que tuvo a bien asesorarnos el hoy amigo Francisco Lapouble. La regla que estudiamos entonces es sencilla: quien practica un deporte de contacto acepta los riesgos típicos del juego, incluido el choque con un rival que disputa el mismo balón. El delantero que encara al portero sabe que este saldrá a su encuentro, y el portero sabe que el delantero irá por el balón. Ese riesgo forma parte del fútbol, y quien entra a la cancha lo asume.

Ahora bien, el derecho penal no es un juego, ni la prolongación del partido por otros medios. Es la última ratio del Estado: solo interviene cuando los demás mecanismos resultan insuficientes, y el deporte los tiene. El reglamento castiga la jugada excesiva con la tarjeta roja, y los órganos disciplinarios pueden imponer suspensiones y multas. Eso fue exactamente lo que ocurrió: el árbitro juzgó la acción y expulsó al portero. Nada indica que Owono saliera a lesionar a nadie; salió a disputar un balón, tal cual ocurre cada jornada en todos los rincones del mundo. Su acción pudo ser temeraria, pero fue una acción de juego y, como tal, fue sancionada disciplinariamente y no debe trascender más allá de ahí.

La vía penal debe quedar reservada para lo que no tiene nada de deporte: el puñetazo, la agresión con el juego detenido, la acción dirigida a lesionar. Llevar al banquillo de los acusados a un portero por una jugada no devuelve a Jesús de Miguel y sí desnaturaliza el fútbol, pues ningún deportista podría disputar un balón con la entrega que el juego exige si cada choque pudiera terminar ante un tribunal penal.

En definitiva, cada conducta tiene su cauce y mal podríamos pretender la apertura de lo penal para este escenario. Ponderemos, también, lo que el portero Owono tendrá que vivir de ahora en adelante. En fin, una tragedia total para el fútbol.