Don Román
Un emigrante que convirtió el trabajo en legado
Don Román llegó a la República Dominicana cuando era requisito una carta de reclamación para el emigrante. Alguien tenía que “pedirle”, y así llegaba una emigración familiar en la que tíos y primos iban tirando unos de otros. Dejar atrás aquella Asturias pobre de los años 50 y 60 en España llenaba de ilusión a los mozos. Vivió al llegar en la pensión de una pariente y el sueldo en su primer trabajo era de 80 pesos al mes. Lo contó varias veces para explicar con orgullo el impresionante camino hasta llegar a la facturación del Grupo Ramos: “el que la sigue la consigue”.
Lector voraz, viajaba siempre con su Kindle en el bolsillo y en Madrid no se perdía una obra de teatro en cartel. Mejor si eran zarzuelas. Si en el restaurante Casa Gallega surgía el tema y se hablaba de República Dominicana, cualquier camarero mandaba saludos a don Román.
No había bachilleres en aquella emigración, decía él. Eran hombres de trabajo dispuestos a cargar fardos, embalar y despachar mercancía, barrer almacenes sin horario ni fiestas de guardar. Vover a la Pola, estaba descartado de plano. Había que triunfar. En 1965 compró la empresa en la que trabajaba: La Sirena. Pues eso, que el que la sigue la consigue.
Don Román era sencillo, cercano… pero con una mirada aguda que descifraba al interlocutor rápidamente. No le gustaba (ni necesitaba) brillar en círculos sociales y tenía indisimulada impaciencia para los pesados.
El 1 de agosto Pola de Allande celebró el Día del Emigrante, con República Dominicana como país invitado de honor. De allá salió don Román en 1959 para construir aquí un grupo económico que hoy cuenta con más de 8,000 empleados. No está nada mal para haber empezado con 80 pesos de sueldo.